ZP y Sánchez, una historia de corrupción
Toda la historia de Sánchez se explica por una suma de dos tramas repugnantes y una traición a España en dos fases
La demoledora sucesión de autos, informes de la UDEF y sumario del juez Calama sobre Zapatero no solo le radiografían a él, sino también toda una época, la de Pedro Sánchez en el poder, marcada por las mismas trapacerías y en sintonía con ellas.
La colisión de tramas, primero la de Ábalos y luego la de Zapatero, ayuda a entender muy bien el origen, el desarrollo y previsiblemente, el desenlace dramático de un personaje siniestro que está siendo para España lo que las famosas plagas para Egipto. Primero se alió, porque les eligió o a la inversa, con los peores miembros del PSOE, pero también los más acostumbrados a las artes sicilianas, para conquistar el partido.
Ahí aparecen los votos amañados en las primarias, la traición a Susana Díaz, la manipulación de la militancia, las extrañas donaciones anónimas o los posibles patrocinios hasta del suegro proxeneta, todo ello urdido para conseguir, como fuera, el control del partido y, a partir de ahí, sostener el plan de echarse en manos del separatismo y del populismo para intentar llegar a La Moncloa a sabiendas de las consecuencias devastadoras y del precio a pagar.
Que la caterva de Cerdán, Ábalos y Koldo haya tenido todo el poder en el partido y en el Gobierno y, desde allí, se corrompieran moral y económicamente, no es un infortunio inesperado para el pobre Sánchez, sino la extensión inevitable de los modos que le auparon a la Secretaría General y le permitieron, con mociones de censura arteras y pactos de investidura propios del delito de traición, mantenerse en una posición sistemáticamente repudiada por los ciudadanos en las urnas.
Sánchez no es inocente de nada de lo que hiciera esta tropa porque gracias a esas mismas indecencias él está donde está. Pero todo tiene un final, y el descaro de sus abusos y la diligencia de la Justicia, de los Cuerpos de Seguridad y de una pequeña parte de la prensa (la otra, la mayoritaria, se ha dedicado a promover manifiestos «contra el golpe mediático y judicial»), lo aceleraron y salpicaron al máximo promotor y beneficiario de tanta inmundicia, que es el presidente del Gobierno.
Y es ahí donde debió hacerse hueco la segunda trama, la de Zapatero, cuyos peones colonizaron a la vez el partido, el Gobierno y La Moncloa, con nombres tan ilustres como los de Óscar López y Antonio Hernando y la larga sombra de Zapatero y de José Blanco detrás, junto a otros actores ocasionales como José Bono y Miguel Ángel Moratinos.
La mera lógica ya sugiere que, en un momento determinado, el repudiado Zapatero resucitó porque a Sánchez le venía bien un profesional que le diera una salida internacional y le ayudara, de algún modo, a tapar los rotos de sus ya procesados o encarcelados colaboradores. Y es ahí donde, el viejo susanista decidió convertirse al sanchismo y engrasar el negocio: uno hacía caja, el otro orientaba España hacia las sombrías latitudes ideológicas donde el primero operaba y ambos sacaban su botín.
A saber, dinero uno; liderazgo en el Grupo de Puebla y la Internacional Socialista, el otro. Los Bildu, Junts y Podemos de la primera etapa de Sánchez le permitieron revocar a las urnas y hacerse con un cargo en el que los españoles no le quieren. Y las Chinas, Venezuelas, Marruecos y demás malas hierbas del mundo le ofrecieron la posibilidad de creerse una especie de unicornio progresista destinado a luchar contra la revolución reaccionaria global.
La historia de Sánchez y Zapatero, de la que me temo solo se conoce una pequeña parte, es la de dos traidores a España que han comerciado con sus intereses nacionales para conseguir los máximos dividendos personales, en perfecta sintonía entre ambos, pero con poco amor y menos principios. Ya sabemos que uno se ha forrado y el otro ha batido el récord de Aznar en la Presidencia pese a perder siempre con estrépito en las elecciones: ahora falta por saber hasta dónde se ha lucrado uno, si el otro también se ha llevado lo suyo y cuál es, exactamente, la dimensión de la traición a España que entre los dos han perpetrado poniéndonos al lado de Maduro y de Xi Jiping, entre otros iconos del museo de los horrores.