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Al bate y sin guanteZoé Valdés

Se acabó la diversión, de Omar Sixto: el libro cubano del que todos hablan

Porque resume con claridad un período decisivo, y ofrece una clave de lectura para el presente: la crisis no sería un accidente tardío ni una desviación menor, sino la consecuencia de decisiones estructurales tomadas desde los primeros años del régimen

En el cada vez más intenso y complejo debate sobre la historia reciente de Cuba, pocos títulos han logrado llamar tanto la atención como Se acabó la diversión, del historiador cubano radicado en Miami Omar Sixto. El libro, centrado en la transformación económica de la isla entre 1959 y 1965, hasta la ruina que es hoy, se ha convertido en una obra de referencia para quienes intentan entender y descifrar el origen de la crisis cubana contemporánea, sino también el modo en que un cambio político puede alterar de raíz la estructura productiva, social e institucional de un país. Su creciente circulación en medios, entrevistas, presentaciones y reseñas ayuda a explicar por qué hoy «todo el mundo» parece citarlo. Tras la primera lectura del libro, lectura rápida en una noche de insomnio, provocado por la lectura misma, y antes de tomar un avión, dediqué un podcast a esta obra que todos debieran leer, no sólo los cubanos.

El título completo de la obra –Se acabó la diversión. La economía cubana: el salto del capitalismo al socialismo (1959-1965)– ya adelanta su tesis central. Sixto sostiene que el punto de quiebre decisivo de la economía cubana se produjo a partir del triunfo revolucionario de 1959 y de las medidas adoptadas en los años siguientes: reforma agraria, nacionalizaciones, estatización creciente, planificación centralizada y alineamiento con el bloque soviético. A contracorriente de la narrativa oficial que presenta ese tránsito como una evolución histórica lógica o necesaria, el autor lo interpreta como un viraje abrupto, improvisado y cargado de consecuencias que todavía pesan sobre la sociedad cubana. La sobriedad investigativa resaltan la estructura del libro.

Uno de los elementos más comentados del volumen es precisamente su ambición interpretativa. No se limita a denunciar el fracaso del modelo cubano, sino que intenta reconstruir cómo se produjo ese fracaso en su fase inicial. Diversas reseñas y entrevistas recientes han destacado que Sixto combina estadísticas, documentos, testimonios y fuentes primarias para ofrecer una síntesis amplia de uno de los períodos más complejos de la historia nacional. Esa voluntad de explicar el «cómo» y no solamente el «qué» le da al texto una densidad poco común en el debate político sobre Cuba, donde con frecuencia predominan el testimonio, la consigna o la memoria fragmentaria.

La actualidad del libro también tiene que ver con el momento en que aparece. En medio de una Cuba marcada por inflación, apagones, deterioro de los servicios públicos, emigración masiva y pérdida sostenida del poder adquisitivo, la pregunta por los orígenes de la crisis ha recuperado fuerza. Se acabó la diversión entra en esa conversación con una propuesta clara: para comprender el desastre presente hay que volver a los años fundacionales del nuevo régimen. Esa lectura histórica, que conecta decisiones tempranas con consecuencias de largo plazo, resulta especialmente atractiva para lectores que buscan algo más que una explicación coyuntural. Y para reconstruir Cuba habrá que ir de atrás hacia delante, pero con una rapidez brutal –mi conclusión personal.

Otro factor de su repercusión es el perfil del autor. Omar Sixto no escribe exclusivamente desde la academia, lo hace también desde la experiencia del exilio, la observación de larga duración y una trayectoria personal que combina formación universitaria en Historia con vida empresarial fuera de Cuba. Esa doble condición le permite dialogar con públicos distintos: el lector interesado en la historiografía económica y el lector general que busca una narración inteligible sobre el origen del colapso cubano. En varias entrevistas publicadas entre 2025 y 2026, se insiste en que el libro es el resultado de décadas de investigación, y esa percepción de obra madura ha contribuido a reforzar su autoridad pública.

Por supuesto, como toda obra de interpretación histórica fuerte, el libro no está exento de debate –eso también para mí es lo atrayente. Su tesis es contundente y está escrita desde una postura crítica frente al proceso castrocomunista cubano (cubano porque los cubanos participaron, no olvidarlo), lo que invita a una lectura atenta y comparativa con otras corrientes historiográficas. Sin embargo, incluso quienes no compartan todos sus presupuestos encontrarán en sus páginas una provocación intelectual seria: la necesidad de revisar, con datos y perspectiva histórica, el relato heroico que durante décadas dominó la explicación del cambio cubano. En ese sentido, el mérito principal del libro no radica en lo que afirma, sino en obligar a discutir de nuevo las bases económicas del proyecto instaurado en 1959, en aras al futuro y a no repetir errores.

Quizá por eso Se acabó la diversión se ha vuelto un libro de referencia en la conversación actual sobre Cuba. Porque resume con claridad un período decisivo, y ofrece una clave de lectura para el presente: la crisis no sería un accidente tardío ni una desviación menor, sino la consecuencia de decisiones estructurales tomadas desde los primeros años del régimen. En tiempos de incertidumbre, los libros que ordenan el pasado suelen ganar influencia. El de Omar Sixto parece haber llegado precisamente en ese momento. Y esa coincidencia entre oportunidad histórica, tesis fuerte y vocación de síntesis explica que hoy sea uno de los títulos más citados cuando se intenta pensar el destino económico y político de la isla. Un hombre es su historia propia y la historia de su país. Un país, en este caso, es un hombre, un historiador, un escritor.

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