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Aire libreIgnacio Sánchez Cámara

Triple suspenso

La dimensión criminal es sobradamente conocida y en muchos casos ya no sirve apelar a la presunción de inocencia porque existen condenas judiciales

El final del curso político es el momento del balance y de la calificación general. El análisis de la acción de este Gobierno debe hacerse desde una triple perspectiva: la moral, la política y la criminológica. En las tres suspende sin matices ni reservas. La más profunda es la moral y la más superficial, la política. Y la más ruidosa y llamativa, la criminológica. De la moral se habla poco y se suele limitar a la crítica de la corrupción. Sin embargo, es la más importante y de la que dependen las demás. La faceta inmoral del Ejecutivo no se reduce a lo que afecta a la corrupción. Es la propia naturaleza de su acción política y los fines y los medios mediante los que actúa los que son inmorales. Fundamentalmente por el incumplimiento de sus deberes políticos fundamentales y, concretamente, el desprecio al bien común y a la concordia nacional. El suspenso moral es rotundo.

La dimensión criminal es sobradamente conocida y en muchos casos ya no sirve apelar a la presunción de inocencia porque existen condenas judiciales. El Gobierno y sus familiares y amigos invaden el Código penal con una decisión y disciplina implacables. Ha superado toda comparación con el pasado, y el listón estaba bastante alto. El suspenso de la ejemplaridad y la honradez es también rotundo.

Pero aún dejando de lado todo lo anterior y limitándonos a la pura acción política, las cosas no mejoran. Aunque no existiera una distorsión de la naturaleza moral de la política y los casos de corrupción fueran pocos y duramente combatidos, lo que no es el caso, la crítica política habría de ser muy dura. El Ejecutivo de Pedro Sánchez carece de programa político. Y no porque no presentara uno a las elecciones, sino porque no ha quedado ni rastro de su cumplimiento. La razón fundamental es que como no ganó las elecciones ha necesitado el apoyo de otras fuerzas políticas. La coalición con Sumar me parece nefasta por su carácter de reedición de un frente popular, de naturaleza posmoderna o antimoderna, pero al menos tiene cierta congruencia política. Pero el apoyo de los separatistas y nacionalistas obliga a hacer concesiones y componendas continuas que impiden la existencia de una acción de gobierno coherente y previsible. La amnistía a los presos del golpe catalán se rechazó en la campaña electoral, pero luego se aprobó. Había que seguir en la Moncloa a cualquier precio. Claro que eso no es mentir sino cambiar de opinión.

El Gobierno ha sufrido muchos reveses parlamentarios y ha aprobado muchas menos leyes que en el ejercicio anterior. Es verdad que esto último, en cierto modo, ha podido ser positivo. Lo cierto es que es un Gobierno débil e inestable que legisla entre derrota y derrota, con alguna victoria accidental. Tampoco ha sido capaz, como es su obligación constitucional, de aprobar los Presupuestos, y van ya tres años. Se ha deslizado por una pendiente autoritaria en la que son amenazadas la Constitución, la unidad nacional, la democracia, el Estado de derecho y las libertades. De hecho, los grupos políticos que le apoyan (salvo Sumar que no le apoya, sino que forma parte de él)) le exigen la convocatoria de elecciones. El suspenso político es implacable.

Y, sin embargo, a pesar de todo, puede acabar agotando la legislatura. Para que el Gobierno caiga, descartada como parece la moción de censura, solo caben dos posibilidades: la derrota electoral y la acción de la Justicia, con el apoyo de la Prensa independiente. Y aquí es donde entra en juego la oposición, en especial el PP. La acción de la oposición tiene dos misiones principales: oponerse a la acción del Gobierno, naturalmente cuando sea conveniente y necesario, y proponer una acción de gobierno alternativa para ganar las elecciones. Lo primero lo ha venido haciendo el PP más o menos bien. Lo segundo, de manera muy deficiente. No basta, aunque sea necesario, clamar con toda razón que el Ejecutivo lo hace mal, muy mal y esperar su caída. Es menester exponer con claridad las medidas fundamentales de un programa de gobierno que permita a los ciudadanos, en su caso, no solo expulsar al Gobierno, sino también esperar con un mínimo de esperanza e ilusión la llegada de uno nuevo. Y precisar que es lo que está dispuesto a derogar de la legislación actual. Decía Ortega y Gasset que la misión del intelectual consiste en oponerse (a la opinión pública) y seducir. Pienso que esa es también la misión de la oposición. Creo que el PP tiene que mejorar mucho en su capacidad de seducción. Convencer es más difícil que vencer.

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