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en el recuerdoAlfonso Ussía

El tapón con sombrero

Felipe II, nació también muy bajito, y simulaba su precaria estatura con un sombrero inspirado en una papelera puesta del revés. El hijo natural, Don Juan de Austria, superaba los 190 centímetros de estatura, que ya es mala suerte

A un precioso campo con castillo, en las inmediaciones de Toledo, llegó un circo ambulante. El propietario, muy escaso de estatura, le concedió permiso de estancia con una condición. Que todos los empleados de su finca, con sus hijos y alguno de ellos ya con nietos, accedieran gratuitamente a las sesiones que se les antojaran. Don Pedro, que así se llamaba el dueño, presidió la primera sesión. Después de los números del león sin dientes, el oso que montaba en bicicleta y se dio un trompazo, los payasos sin gracia y el domador de focas, llegó el número estelar. Los liliputienses. Unos enanitos que hacían toda suerte de gracias y habilidades en la pista. El presentador, con ese tono de voz que usaban todos los presentadores de circo, los anunció de esta manera: «Y por primera vez en Toledo, con carácter exclusivo…¡Los liliputienses!».

Y los liliputienses, dando volteretas y demás escorzos muelles salieron a la pista entre aclamaciones. Pero silenciadas las palmas se oyó una voz que predominó en el recinto: «¡Qué putienses ni qué putiensas? ¡Son enanos, como don Pedro!» Se trataba de un guardia de la finca. Al término de la sesión, don Pedro expulsó de sus lares al circo ambulante y advirtió al guarda de una posible sanción por su falta de respeto. Don Pedro no parecía tan pequeño como era. Siempre llevaba sobre la cabeza un sombrero campanudo, capaz de mantenerse en la chochola de su propietario con vientos de 100 kilómetros por hora. Pero una mañana de ojeo de perdices, la naturaleza se encaprichó, creó brisas y golpes de viento adversos y circulares, y el sombrero de don Pedro voló. Sin sombrero, don Pedro perdió toda su autoridad, y terminó por vender la finca.

El gran emperador, Carlos I de España y V de Alemania, era pequeñajo. Su voluminoso sombrero emplumado sostenía su poder en el Imperio donde jamás se ponía el sol. Su hijo legítimo y heredero, Felipe II, nació también muy bajito, y simulaba su precaria estatura con un sombrero inspirado en una papelera puesta del revés. El hijo natural, Don Juan de Austria, superaba los 190 centímetros de estatura, que ya es mala suerte.

Los sepulcros de mármol negro del Panteón de los Reyes del Monasterio de El Escorial se hicieron a la medida de Carlos I y Felipe II. Con la llegada de los Borbones, más altos, hubo que instalar el Pudridero, donde permanecían los cuerpos de reyes y reinas 25 años hasta que los huesos de las piernas podían quebrarse y ocupar su sepultura en el Panteón.

Eran bajitos, pero con grandeza histórica.

En Perú, su nuevo presidente es un mamarrachín a un ridículo sombrero vaquero pegado. Recibe con sombrero. Se trata de un sombrero que hasta en las cabezas de John Wayne, Gregory Peck, James Stewart, y Gary Cooper, resultaría grotesco y calandrajo. Sucede que se advierte una cierta armonía entre el chiquitín y su sombrero, porque uno y otro son grotescos y calandrajos. No es lo más preocupante para Perú. Lo preocupante es que la cabeza del portador del sombrero está, cultural y académicamente, vacía, y que el único ingrediente que se mueve por su cerebro, es el odio comunista sumado al terrorismo de Sendero Luminoso.

Para el pequeño personaje, España en general y Castilla en particular, son los artífices de las desgracias peruanas.

Perú ha ingresado en el Club de Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Argentina. Los que desean hacerse dueños del mundo, están empeñados en destruir la libertad de Hispanoamérica. En Perú se encontrará el mamarrachín del sombrero con la resistencia de la mitad de sus ciudadanos, pero ese problema los comunistas lo arreglan con mucha facilidad. No sabe hablar ni construir una frase en la nación, que junto a Colombia, se habla el español más culto y rico del mundo. Y no en los ámbitos altos o universitarios, sino por el pueblo campesino o litoraleño.

Apenas sabe leer y escribir. Un títere de los poderosos.

El emperador que reinó en Perú era bajito, pero es un grande de la Historia Universal. Lo de este enano resentido, me temo que va a ser otra cosa. La esperanza viene, precisamente de la cultura de aquel gran país. Y la cultura puede vencer al gnomo del sombrero.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 3 de agosto de 2021
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