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HorizonteRamón Pérez-Maura

No había que estar en la victoria de España

España estuvo perfectamente representada en la final de la Copa del Mundo por el Rey y la Familia Real. La obligación de Sánchez era atender a la gestión de Gobierno. ¿Qué hizo él? Dar prioridad a su divertimento. Lo único importante es Su Persona

La noche que España venció a Francia en las semifinales de la Copa del Mundo, publiqué en X: «¿Quién se apuesta algo a que Sánchez no deja ir al Rey solo a la final del Mundial a Nueva York? No se pierde la foto ni en broma…». Creo que acerté en lo de no dejarle ir solo, pero sí se perdió la foto porque el protocolo de la FIFA limita los representantes de cada país que aparecen en la foto. Y estando el Rey, Sánchez era un cero a la izquierda. Afortunadamente.

Desde que España dio un giro radical en su política sobre el Sahara, tenemos problemas en nuestra relación bilateral con Argelia. Entre otras cosas, porque es el país que históricamente ha amparado al Frente Polisario. Y sigue siendo un proveedor energético muy importante para España. Sánchez tenía una visita oficial a Argelia ayer 20 de julio y prefirió dar prioridad al partido de la Selección española y a la celebración de la victoria. Eso sí, Sánchez llegó a Argel con retraso, lo que obligó a reajustar la agenda sobre la marcha. Delegó el encuentro empresarial —el único tramo con contenido tangible— en la vicepresidente tercera, Sara Aagesen, para no comprometer el vuelo de regreso y llegar a tiempo a recibir a la selección en la Moncloa con un montaje espectacular, muy superior al que hubo en Zarzuela con el Rey leyendo sin atril. Sánchez tenía hasta escenario. Como obsequio, Sánchez entregó a Abdelmadjid Tebboune, presidente de la República Argelina Democrática y Popular, una camiseta roja de la selección española con su nombre serigrafiado y el dorsal 26. No sé qué utilidad tiene eso, pero sí sé que no se firmó ningún acuerdo ni se anunció compromiso cuantificable alguno. La prioridad era volver a hacerse la foto que no pudo conseguir en la final del mundial en Nueva Jersey.

Así que la visita oficial quedó relegada a una escala técnica. Final del Mundial en Nueva Jersey → Argel → regreso a Madrid para recibir a la selección en la Moncloa. Eso indica la verdadera jerarquía de prioridades con más elocuencia que cualquier comunicado. Y los argelinos habrán tomado buena nota. Llegar tarde y reordenar la agenda in situ coloca al anfitrión en posición de espera. En la semiótica diplomática, quien hace esperar marca estatus; aquí lo marca el visitante sobre el jefe de Estado anfitrión. Un desaire silencioso, pero muy elocuente.

En resumen, la visita oficial a Argelia se traduce en ningún acuerdo firmado, ninguna declaración conjunta sustantiva. Y llama la atención que el contraste es rotundo con lo vivido en la última semana: la visita de Tebboune a Berlín (16 de julio) y, antes, a Ankara produjeron declaraciones articuladas y decenas de acuerdos. La ligereza en la forma no es accidental.

España estuvo perfectamente representada en la final de la Copa del Mundo por el Rey y la Familia Real. La obligación de Sánchez era atender a la gestión de Gobierno. ¿Qué hizo él? Dar prioridad a su divertimento. Lo único importante es Su Persona. El que España haya ganado el mundial solo es relevante en la medida en que le beneficie a él. Y seguro que va a buscar la forma de sacarle réditos. Alberto Núñez Feijóo vio la final en la plaza de Colón con decenas de miles de personas alrededor. Sánchez no se atreve a cruzar la Gran Vía con el semáforo en verde.

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