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VertebralMariona Gumpert

Europa y el miedo a defenderse

¿Quiénes somos? De momento, una sociedad que, ante la inmigración ilegal descontrolada, alberga un lenguaje que se pretende humanitario y racional

«Un domingo de Pascua, al anochecer, cien navíos herrumbrosos zarpan de un muelle del Tercer Mundo con un millón de hambrientos a bordo. No portan armas. No quieren conquistar. Solo anhelan un futuro mejor.

Mientras la flota cruza el mar rumbo a Europa, Occidente contempla paralizado el espectáculo. Los gobiernos se reúnen sin decidir, los obispos predican misericordia, los periodistas celebran el acontecimiento, los militares aguardan órdenes que nunca llegan. Solo unos pocos intuyen que lo que está en juego no es una frontera ni una política: es la supervivencia de la sociedad en la que viven.»

Hace unos días llegó a mis manos una novela, con las palabras anteriores en la contraportada. El campamento de los santos, de Jean Raspail, publicada por Homo Legens. A nadie le parece un planteamiento creativo –como mucho exagerado, ¿cien barcos con un millón de personas?– hasta que descubre que fue escrita en 1973.

El verdadero tema de la novela no es el viaje de los inmigrantes. Raspail concentra casi toda su atención en qué hace Francia mientras los barcos se acercan. Gobierno, ejército, Iglesia, periodistas, intelectuales, organizaciones humanitarias y ciudadanos discuten qué hacer. El país dispone de medios suficientes para impedir el desembarco; lo que la novela plantea es que carece de la convicción moral necesaria para emplearlos. Cada posible respuesta –cerrar las fronteras, utilizar la fuerza, dejar desembarcar a la multitud– entra en conflicto con alguno de los principios que la propia sociedad occidental sostiene.

En el epílogo, Miguel Ángel Quintana señala el carácter profético de la novela, matizando qué significa ser profeta: alguien con la misión de decirle a un pueblo las verdades que no quiere aceptar. En este sentido, el propósito del escrito no es adivinar lo que está por suceder, sino hablar de nosotros mismos: de quiénes somos y de quiénes es probable que lleguemos a ser.

¿Quiénes somos? De momento, una sociedad que, ante la inmigración ilegal descontrolada, alberga un lenguaje que se pretende humanitario y racional: no hacen daño a nadie, buscan un futuro mejor, hacen los trabajos que nosotros desechamos. Una suerte de esclavitud del siglo XXI, donde el que vive en condiciones de miseria lo hace de forma voluntaria y quien le regala unas migajas se autopercibe como Teresa de Calcuta.

Hemos visto muchas de estas reacciones ante lo ocurrido en Ceuta. Reporteros televisivos insistiendo en que entre los transgresores había gente de todo tipo, muchas familias con mujeres y niños, en un ejercicio de «¿me va usted a creer a mí o a sus propios ojos?». El País, con reportajes sobre una niña marroquí con un tobillo torcido y otras historias por el estilo. Los ceutíes, atrincherados en sus casas, no parecían merecer compasión alguna.

El campamento de los santos fue vetado el pasado abril en Amazon, en su versión inglesa. En absoluto fue una decisión económica: la novela ha sido un éxito editorial desde su publicación. Tampoco ha pasado inadvertida Sumisión, de Michel Houellebecq, que describe una Francia en la que un partido islamista llega de forma democrática al poder y transforma poco a poco el país y sus instituciones, ante la aquiescencia de buena parte de la sociedad.

¿Por qué la censura? ¿Por qué el teatro de países europeos cerrando el espacio Schengen con España tras lo ocurrido en Ceuta, cuando llevan entrando millones en Europa desde hace décadas? Hay muchas y certeras respuestas a estas preguntas. Algunas, las más elementales, se las puede imaginar el lector. Pero, para comprender una situación en toda su profundidad, más que datos y argumentos, a veces necesitamos zambullirnos en una narrativa que nos muestre la esencia del problema. San Agustín se convirtió al obedecer una voz que le susurraba tolle, lege, «toma, lee». Ya estamos en agosto: ¿qué mejor momento para entender nuestra época a través de un par de novelas?

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