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Un mundo felizJaume Vives

'Reality' veraniego en Ceuta

Un pueblo invadido tiene muy claro qué necesita, y detecta fácilmente a quienes, no pudiendo hacer nada, se las dan de salvapatrias, con una bandera y mucho amor propio, utilizando la fragilidad de unos para hacerse ellos más fuertes

Estos días hemos tenido presente en nuestra oración familiar el sufrimiento provocado, menospreciado y olvidado de los ceutíes. Tiene que ser muy duro ver que les importas un rábano a quienes gobiernan tu país, dejándote desamparado de esa forma.

La frontera española en Ceuta se ha convertido, una vez más, en algo más parecido a las Ramblas de Barcelona que a una frontera. Y así, con mayor facilidad que acceder a la discoteca, decenas de miles de marroquíes han llegado a España ante la impotencia de los más de ochenta mil ceutíes, que han tenido que soportar que la orden política fuera el dolce far niente.

Fiestas patronales suspendidas, comercios saqueados y obligados a cerrar, peleas, navajas, catanas y hasta alguna pistola. Han sido los propios vecinos quienes, haciendo demostración de coraje y dignidad, han salido a la calle a defender lo suyo y a los suyos.

Una ciudad invadida por decenas de miles de personas y los ceutíes solos ante el peligro. Algunos comerciantes han tenido que oír de boca de algún policía que no podían garantizar su seguridad.

Como en las grandes desgracias, es difícil comprender el dolor y el sufrimiento hasta que no te toca vivirlo. El resto de españoles difícilmente podemos hacernos a la idea de lo que está viviendo esa gente. Quienes deberían protegerlos han dejado abiertas las puertas de sus casas para que se cuele y campe a sus anchas el que quiera, mientras los responsables, muy protegidos ellos, disfrutan de sus vacaciones rodeados de sofisticadas medidas de seguridad.

Y mientras todo esto ocurre, y sin demostrar vergüenza alguna, aparecen los de siempre, dispuestos a aprovecharse de la situación por cuatro likes y unas cuantas visualizaciones. Y se acercan a esos hombres y mujeres olvidados para convocarlos a una concentración, como si eso, aparte de alimentar el ego de quien convoca, pudiera ser algo positivo para los ceutíes. Los más atrevidos y desconectados de la realidad, lo hacen incluso llegando en helicóptero, al más puro estilo James Bond, o como el rico que se acerca a dar limosna a unos desgraciados para salir en la foto. Y claro, luego no entienden por qué la gente no acude a sus actos o los echa de la calle obligándolos a encerrarse en algún comercio.

Está fantástico ir a Ceuta a ayudar a los ceutíes en lo que sea, está genial convocar manifestaciones en la península para denunciar las tropelías de Marruecos y del gobierno español, pero convertir lo de Ceuta en un reality veraniego tiene sus consecuencias, y algunos ya han empezado a paladearlas. Un pueblo invadido tiene muy claro qué necesita, y detecta fácilmente a quienes, no pudiendo hacer nada, se las dan de salvapatrias, con una bandera y mucho amor propio, utilizando la fragilidad de unos para hacerse ellos más fuertes.