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El puntalAntonio Jiménez

Ni explicaciones ni responsabilidades. El gobierno al que las crisis le cogen en Babia

Es lo que el incompetente Marlaska, para aparcar su posible negligencia, resume en esta frase: «no necesariamente tiene que haber una responsabilidad por lo ocurrido», como si lo ocurrido hubiera sido una calamidad sobrevenida y no la consecuencia de una estrategia política de Rabat

Una semana después de la «gran invasión», Sánchez sigue aparentemente ajeno a la responsabilidad derivada de la crisis y sus ministros más concernidos, Marlaska y Robles, sin dar explicaciones en un Parlamento cerrado por vacaciones y con la llave en el fondo del mar balear que Armengol no está dispuesta a recuperar, por más que democrática y legítimamente exija el PP la convocatoria de la Diputación Permanente, dada la gravedad de la situación generada.

Supongo que Sánchez está muy ocupado en la Mareta con las recurrentes playlist musicales que sus «tropecientos» asesores le fabrican con cantantes que desconoce y temas que no ha escuchado, pero que recomienda en las redes sociales como si fuera un crítico musical de Cadena 100, o sugiriendo libros que ni leyó ni leerá. Un ejercicio de irresponsabilidad y frivolidad muy propio de alguien al que las crisis le cogen en Babia, como si no le incumbieran, y llega siempre tarde para afrontarlas. Tumbado a la bartola en Lanzarote, Sánchez quiere hacernos creer que las fronteras se defienden con retórica, argumentario y declaraciones solemnes, sin asumir responsabilidades y sin avanzar decisiones que impidan que vuelva a repetirse otra invasión este mes de agosto tal y como se barrunta en esas mismas redes sociales.

Lo de Ceuta, una semana después, no admite excusas que justifiquen su falta de explicaciones junto a la de los ministros de Exteriores, Defensa e Interior, con sus contradicciones, a una crisis que les hace responsables por inacción, omisión, imprevisión o desconocimiento de sus servicios de información, después de que el propio Sánchez denunciara la violación de la integridad territorial de España por los asaltantes y a continuación, sin embargo, agradeciera a Marruecos su colaboración en lugar de señalarle por su pasividad e involuntaria o voluntaria colaboración con la invasión. Lo lógico habría sido exigirle explicaciones a Rabat por lo sucedido tras la dramática cifra de decenas de ahogados y los miles de ocupantes en vez de subrayar su cooperación para restablecer el control. Una respuesta diplomática indigna y nada inteligente por parte de Sánchez y su mediocre canciller, 'Albares Napoleonchu', interpretada como un claro signo de debilidad política y de una excesiva dependencia respecto al vecino del sur.

Charles de Gaulle recordaba que «las naciones no tienen amigos permanentes; tienen intereses permanentes». O lo que es lo mismo, «amigos muy amigos pero la vaca por lo que vale». Por tanto, agradecer alguna colaboración posterior no es incompatible con exigir previamente explicaciones de por qué tu frontera fue asaltada y desbordada sin obstáculos por su parte para que lo hiciera posible. La impresión transmitida por Sánchez es la de quien agradece a Marruecos que cerrara la puerta después de haberla dejado abierta de par en par. Por eso tiene más lógica y sentido político que Sumar y Vox se hayan aliado circunstancialmente, la política a veces hace extraños compañeros de cama, en el mismo objetivo de exigirle a la FIFA que deje fuera a Rabat de la organización del Mundial 2030 o que de ninguna manera se juegue la final en Casablanca tras la gravedad de lo sucedido. Pero esa es una ficha que corresponde mover al gobierno del que forma parte Sumar y estamos seguros de que Sánchez, de la misma forma que no autorizará una visita del Rey a Ceuta, tampoco la moverá para no contrariar a Mohamed VI de quien se sospecha desde hace tiempo que le tiene cogido por sus partes blandas con Pegasus, desde el inopinado cambio de posición sobre el Sáhara, nunca explicado ni consultado con el propio Rey y la oposición. Cosa que dice todo sobre esa disposición permanente del Gobierno de no cuestionar el papel de Marruecos en esta crisis migratoria de Ceuta y de no exigirle explicaciones ni responsabilidades a pesar de que medios de ese país insisten en cuestionar la españolidad de Ceuta y Melilla en medio de la lamentable situación generada.

Es lo que el incompetente Marlaska, para aparcar su posible negligencia, resume en esta frase: «no necesariamente tiene que haber una responsabilidad por lo ocurrido», como si lo ocurrido hubiera sido una calamidad sobrevenida y no la consecuencia de una estrategia política de Rabat, una suerte de guerra híbrida, de la que aquí «no se enteró ni Blas» y que acreditó una vez más la incompetencia de Sánchez a la hora de defender nuestro territorio y la frontera sur de Europa, en este caso, con la connivencia del vecino que no hizo nada por impedirlo.

Una circunstancia que también ha retratado a Sánchez en Bruselas, donde el malestar de los socios europeos con él por la crisis ceutí junto a su cuestionada regularización masiva, decretada al margen del consenso comunitario, es más que evidente y le aleja de las posiciones más duras que mayoritariamente se están adoptando sobre inmigración. Esta situación refleja por demás el creciente aislamiento político del Gobierno de Sánchez y su debilidad frente a Marruecos, en un continente que ha endurecido su discurso migratorio mientras él contemporiza y transmite la sensación de que a pesar de resistir en el puente de mando de la Moncloa, ha demostrado otra vez que descubrió el iceberg cuando el casco del buque empezó a resquebrajarse con sería amenaza de naufragio. Es lo que tiene estar en Babia, llegar tarde a las crisis y no afrontarlas con la determinación, el coraje y sentido de Estado exigibles, entre otras cosas por carecer de todo ello o estar condicionado en la política exterior con Marruecos por intereses inconfesables.