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Cuando hasta Cambridge hace el gili

Inglaterra vivía un flechazo con el sociólogo Jason Arday, que llegó a una de las dos mayores universidades del país tras una memorable historia de superación

La increíble historia del sociólogo londinense Jason Aha Kwei Arday, de 41 años, se ganó la rendida admiración de los británicos, desde los televidentes hasta los políticos, pasando por los más elitistas círculos académicos. Todo el establishment lo aplaudía y se le acumulaban las distinciones honoris causa.

Arday logró ser catedrático en Cambridge y tertuliano en la BBC. Lo hizo superando todas las cartas adversas que le habían tocado en la cuna: familia obrera de inmigrantes africanos, prejuicios raciales, problemas psicológicos, accidentes, enfermedades. Se convirtió además en un importante filántropo y hasta llegó a hacer un revelo portando la antorcha olímpica en los Juegos de Londres.

Jason Arday nació en un barrio del Sur de Londres, el tercero de los cuatro hijos de unos inmigrantes ghanesés, él cocinero y ella enfermera. Su infancia estuvo lastrada por problemas de autismo, retraso en el desarrollo y dislexia. No habló hasta los once años y no logró leer y escribir con soltura hasta los dieciocho. Dados sus malos resultados en las aulas, pasaba mucho tiempo jugando al snooker y llegó a ganar algún dinero en torneos profesionales. A los 18 años fue asaltado por unos vándalos racistas y el ataque le provocó epilepsia. También sufrió un grave accidente y un cáncer de testículo. A los 21 viajó a Brasil con una oenegé para llevar agua limpia a las favelas. De vuelta en Inglaterra, logró una licenciatura en Educación Física en una universidad menor, que completó con dos másteres en Pedagogía.

En 2015 se convirtió en doctor por la Universidad Moores de Liverpool, con una compleja tesis de nombre larguísimo e incomprensible: Una exploración de la tutoría entre estudiantes de magisterio para orientar la práctica reflexiva en el contexto de la investigación-acción.

A partir de ahí comenzó su activa carrera académica, primero en Leeds y luego en la Universidad de Glasgow, siempre marcada por sus investigaciones sobre la discriminación racial en el mundo académico británico. En marzo de 2023, Jason Arday da la campanada y lo ficha la Universidad de Cambridge, fundada en 1209, cantera de 15 primeros ministros, incluido el actual, y por cuyas aulas han pasado luminarias como Bacon, Lord Byron, Newton, Wittgenstein y toda una colección de premios Nobel. A sus 37 años, Jason Arday se convertía en profesor negro más joven de la historia de Cambridge.

Además, se trata de un deportista portentoso, un atleta que con sus carreras benéficas ha recaudado casi seis millones de euros. Y menudas carreras: ¡30 maratones en solo 35 días! ¡970 kilómetros sobre una cinta en seis días! Arday, con su peinado rastra y su atractiva sonrisa, era tertuliano habitual en los programas de televisión y radio de más audiencia de la BBC. El diario laborista The Guardian, donde a veces escribía, lo saludaba como «el Profesor Superstar». El conservador Telegraph lo llamaba con ironía el «diversity poster boy», el chico de cartel de la diversidad.

¿Les ha gustado la maravillosa historia de Jason Arday? ¿A que resulta admirable y hasta conmovedora? Pues bien, acaba de dimitir de su puesto en Cambridge después de que la prensa inglesa haya desvelado que plagió su tesis y que además era un mentiroso compulsivo. Ya en 2023 surgieron quejas sobre que había copiado su investigación. Pero fueron acalladas como una persecución instigada por motivos raciales. Pero esta vez la prensa ha aportado pruebas contundentes. En julio empezó el Telegraph con el plagio. El 1 de agosto, The Guardian destapó falsedades gruesas en su biografía. Cinco días después, The Times le hizo un traje que arruinó por completo su figura.

No solo plagió la tesis, criticada ahora como quincalla ideológica, charlatanería. Tampoco existían el accidente juvenil y el asalto sufrido, ni el cáncer de testículo superado. Las carreras atléticas sobrehumanas no fueron tantas ni tan seguidas; fabulaba hasta lo imposible. No hay rastro de que estuviese en Brasil ayudando en las favelas, ni de la supuesta millonada que recaudó como filántropo. Hasta se había inventado que la Policía investigaba el envío de una cabeza de cerdo a casa de sus padres como amenaza contra él (Scotland Yard ha aclarado que no le consta).

¿Qué ha pasado aquí? ¿Cómo pudo llegar a Cambridge por la puerta grande un trolero patológico, de mediocre carrera académica, que había plagiado su tesis y que tenía muchos menos méritos que otros estudiosos para tan codiciado puesto? Pues por el dedazo de la discriminación positiva. Nadie quiso ver a Arday tal y como era, porque se imponían las gafas de cristales deformantes de la corrección política y el «progresismo». De hecho, cuando se publicaron las primeras investigaciones sobre sus patrañas se lanzó un manifiesto en su defensa, secundado por el líder del partido Verde y por varios popes del laborismo, que denunciaron un acoso racista.

Incluso Cambridge, una de las mejores universidades del mundo, ha hecho el gili aquejada por el sarampión woke.

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