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Perro come perroAntonio R. Naranjo

Eclipse sanchista

España lleva en penumbras todos los años de este Atila de la democracia

España lleva metida en un eclipse los años de Sánchez en el poder y en sus aledaños, desde que ganara las primarias del PSOE entre sospechas, se lanzara de cabeza con Podemos a aquel adefesio de los «ayuntamientos del cambio» y rematara su asalto con una moción de censura nefanda y su rendición definitiva ante el independentismo, arrendándole investiduras que no ganaba en las urnas a cambio de ser su caballo de Troya contra España.

La ceguera de una parte del país al mirar a Sánchez, el objeto que ha oscurecido los rayos solares de la democracia, completa el ciclo de un eclipse duradero: unos miraron hacia arriba a cambio de subsidios de toda laya, en forma de cheque, de nómina o de documentación; otros al servicio remunerado de una causa que les exige mentir y acosar como vulgares sicarios de una mafia y otros pocos más por la simple estulticia de creer que, de no aupar al Señor de la Mareta, el fascismo entraría a golpes en España.

La ceremonia de encantamiento colectivo desde las penumbras sanchistas incluye ya hasta una mentira tan escandalosa como normalizar la situación en Ceuta, a pesar de que todos podemos ver Ceuta invadida primero, luego ocupada y además reclamada por Marruecos, junto a Melilla, mientras el Gobierno le da las gracias a Rabat y Sánchez hace el gandul en La Mareta, con todos los lujos pagados y un despliegue de recursos que ya querrían los montes quemados y las fronteras profanadas.

El contraste entre lo que le pasa a España, un país destrozado por el Atila que parasita en la Moncloa, y lo que hace mientras Sánchez es la metáfora de una agresión sin precedentes desde dentro de la democracia, que no estaba preparada para expulsar a un cuerpo invasor tan imprevisto: si el principal guardaespaldas del Estado de derecho se comporta como su máxima amenaza, no hay antídoto rápido por la inexistencia de antídotos legislativos que no se consideraron en origen necesarios.

Porque un padre cuida a los hijos y no los vende al mejor postor, que en síntesis es lo que Sánchez lleva haciendo, siempre al mejor postor: unas veces Pablo Iglesias, siempre Arnaldo Otegi, a menudo Mohamed VI y en resumen todos ellos a la vez; a cambio de un botín personalísimo de codicia, ambición, egolatría y ya veremos si algo más, viendo cómo todo su entorno se movía además por dinero.

Sánchez es un eclipse cegador en sí mismo, y la democracia española no puede ser un simple observatorio pasivo del fenómeno, para registrarlo, analizarlo y teorizar al respecto mientras la oscuridad se perpetúa y tiene el desparpajo incluso de irse a bucear, con toda la familia y todos los caprichos pagados.

Hace unos días, El Debate reveló que, en estos años estivales zánganos, nuestro Sauron se había pulido en su Mordor vacacional 235.000 euros, sin contar con el coste del palacio, del Falcon, de la escolta y de todos los servicios rutinarios inherentes a sus desplazamientos. Es decir, en gambas buenas, invitados sin identificar y transporte para todos ellos.

Que se ría así de su país, con un verano incompatible con el dolor y el miedo de tantos, obliga a explorar todos los límites legales del sistema y no dejar ni uno sin activar: desde luego el de intentar que el Supremo le juzgue por traidor, que es lo que, previa aprobación del Congreso: solo hacen falta 88 diputados que se lo propongan a la Cámara y la pongan a prueba. Y ya están tardando en hacerlo: ahí fuera, entre fuegos y asaltos, hay millones de personas deseando que pase de una vez el eclipse sanchista, con su luna de sangre y su sol de mentira.

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