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Ojo avizorJuan Van-Halen

Sánchez sabe lo que hace

Actúa a menudo como un autócrata, utiliza cada año un palacete del Patrimonio Nacional para sus vacaciones y las de sus familiares y amigos, y el Falcón del Ejército del Aire para viajes particulares (entre 5.500 y 7.000 euros por hora de vuelo y dos toneladas de CO₂ emitidas a la atmósfera)

Ramón Pérez-Maura, amigo y compañero de tantos años, acertó de pleno en su columna del jueves pasado Van a por el Rey. Su comienzo, preocupante: «Un ministro del Reino de España, que ha prometido lealtad al Rey, ya amenaza con la República desde la red social X». Otros ministros de partidos en el gobierno, como Yolanda Díaz o Ione Belarra, ya habían atacado al Rey hasta desearle la guillotina, pero ahora el protagonista es un ministro socialista, Óscar Puente, insultador oficial, que no se pronunciaría salvo al dictado o con conocimiento de Sánchez. Recuerda oportunamente Pérez-Maura: «Hace años que hay muestras incuestionables de desafecto del presidente del Gobierno hacia el Rey» y concreta el primer cabreo envidioso de Sánchez en Paiporta cuando huyó mientras los Reyes permanecían con los damnificados.

Hace años que tengo la percepción de lo que Puente, mediocre y tabernario, anuncia ahora arremetiendo contra Felipe VI y la Monarquía: un cambio de régimen. Trasladé esa inquietud a El Debate. Mi primer artículo sobre el tema, el 25/10/22: «Juan Carlos I». Y el último, el 9/3/26, se titulaba: «Posibles fases de un golpe enmascarado». Entre ambos denuncié el acoso a la Monarquía en otros nueve artículos. Estoy convencido de ese objetivo último de Sánchez. Actúa a menudo como un autócrata, utiliza cada año un palacete del Patrimonio Nacional para sus vacaciones y las de sus familiares y amigos, y el Falcón del Ejército del Aire para viajes particulares (entre 5.500 y 7.000 euros por hora de vuelo y dos toneladas de CO₂ emitidas a la atmósfera). Tiene el sueño persistente de residir en el hoy Palacio Real como presidente de una Republica emulando la desastrosa de 1931, pero con él aún peor.

Como afirma Pérez-Maura era un tema sabido, pero Puente, en su papel sumiso, da un paso más. Nadie puede sorprenderse si vemos en el horizonte no un cambio de gobierno sino un cambio de régimen. ¿Cómo lo hará? De momento ya está ahí la manipulación del censo con la mal llamada ley de nietos, que ya acoge a los bisnietos, aunque no hayan pisado nuestro suelo ni pagado un impuesto en España y, además, con la distribución del voto en las provincias que más les interesen. Si no declaran el distrito electoral de sus abuelos o bisabuelos serán asignados a Madrid. Ya han colocado en determinados consulados a personas de confianza. Es una maniobra torticera. En el voto exterior suele ganar el PSOE; claro, no padecen a Sánchez. Aumentar astronómicamente el voto procedente del exterior supone un pucherazo global de nuevo cuño.

Mientras, la oposición en Babia, con el ritornelo de pedir elecciones. Sánchez lo escucha como quien oye llover. Él tiene sus planes y objetivos. Sus ministros no van cuando les convoca al Senado porque no lo manejan y las explicaciones, cuando las hay, se dan en un Congreso dominado gracias al mercadeo de votos. Obviamente es una vergüenza. La oposición, ni pío. Si la oposición cree que, sin impedir la ley de nietos y bisnietos, va a ganar las elecciones, se equivoca. Y justo detrás de esta maniobra de adulterar el censo, cuyo último episodio se lo sacó de la manga, ilegalmente, la hermana de Puente desde su cargo público, se abrirá la puerta del cambio de régimen con una mayoría falseada pero efectiva. Entonces podremos esperar el referéndum Monarquía-República, ansiado por la izquierda. Con las cartas marcadas. Ya arreglarán el trámite legal.

Acaso alguien me suponga alarmista; lo mismo escuché de mis amigos más sabios cuando hace años comencé a maliciarme lo que se nos podía venir encima. Las circunstancias no favorecen la tranquilidad; al contrario. La reciente invasión, no resuelta, está al fondo. Sánchez tiene en la cabeza la cosoberanía de Ceuta y Melilla. El Rey anunció su visita a Ceuta, pero sin fecha. Ahora se anuncian unas vacaciones privadas, ignoramos si en familia o en solitario. En esta situación no me parece un acierto. El Rey no debe aparecer como un doble de Sánchez porque no lo es. Siempre recuerdo aquel ¿por qué no te callas? de Juan Carlos I a Chávez en una cumbre iberoamericana ante Zapatero que, constitucionalmente, dirigía la política exterior. El Rey le echó dídimos.