Continúa el vuelco
Pero de la vieja política no hay que esperar nada. Hicieron lo que todos los partidos sistémicos: recurrir a la censura, ya fuera apelando a la conciencia de medios y periodistas (autocensura), ya fuera enseñando los dientes, ya fuera sin necesidad de hacer nada
A Meloni la llamaron fascista todos los días durante años, y ahí está, más estable que ningún otro gobernante de la República italiana. Lo País creyó que iba a influir en la elección de Milei, no sé por qué razón, y desplegó gran aparato de medios para convencernos de que estábamos ante un gañán de extrema derecha. La prueba sería su afición a la feliz expresión «zurdos de mierda». Merz empezó a perder cuando ganó las federales del año pasado, pues su victoria se basaba en una mentira podrida sobre un giro con el islamismo, no asimilable, flotando en el aire la necesidad de reconocer que las decisiones de Merkel al respecto parecían obedecer más a la comunista del Este que llevaba dentro que a la gran líder europea que logró encarnar (hasta que se postró ante la posesa Greta Thumberg). Las violaciones de Año Nuevo, después de introducir en su país un millón y medio de varones sirios jóvenes, debieron hacerle reaccionar.
Pero de la vieja política no hay que esperar nada. Hicieron lo que todos los partidos sistémicos: recurrir a la censura, ya fuera apelando a la conciencia de medios y periodistas (autocensura), ya fuera enseñando los dientes, ya fuera sin necesidad de hacer nada. Viejos partidos y medios convencionales forman parte de un mismo magma denso y turbio. Al mentir descaradamente a los electores, anunciando un cambio del que se desdijo tan pronto como constató que había ganado las elecciones de febrero del 25, Merz escogió la desaparición. Apuntaban maneras desde el cordón sanitario a los Patriotas en el Parlamento Europeo. Hay que ser torpe.
La vieja derecha democristiana, los herederos del oscuro Andreotti, los dueños de Europa, tan generosos como para compartirla con la Internacional Socialista de Brandt y González, se vieron jibarizados. Pactaron con unos «liberales» que son la gente más intervencionista del viejo continente; se abrazaron a los verdes, asesinos de la industria alemana y de la agricultura española; se encamaron con los comunistas de The Left, donde se esconden Batasuna y Podemos. Les regalaron una Vicepresidencia, la que habían robado al tercer grupo de la cámara. En medio de traiciones y errores de estrategia, entre acusaciones de prorrusos que dan para partirse el pecho en cuanto se miran los carguitos de sus familiares, empezó a girar la rueda. Se inició el vuelco que llevará a Merz y a su partido, al estafador Merz y a la menguante CDU, a la nada.
Tuvo el domingo la prudencia de callarse. No sé si el lunes la mantuvo porque el lunes es ayer para usted, lector, y hoy para mí, y ademas por la mañana. En realidad poco importa. Lo mejor que pueden hacer para morir de verdad y desaparecer hacia abajo, dando rápidas vueltas por el desagüe de la historia, es insistir en sus cordones sanitarios. Llamar nazis a la mitad de los votantes mientras ignoran la voluntad de las urnas y juntarse todos contra AfD. Son tan arrogantes como para atreverse.