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HorizonteRamón Pérez-Maura

Esto puede empezar a cambiar

Ayer, de nuevo, tuvimos una muy buena noticia. El Tribunal Supremo paralizó la ley de nietos en una vista pública en la que aceptó las medidas cautelares solicitadas por Vox y por Iustitia Europa después de que El Debate denunciara los cuestionables derechos que esta ley daría a 2,4 millones de españoles

Han ocurrido dos cosas de gran trascendencia electoral. Y ambas a partir de investigaciones en El Debate de mi estimada colega Isabel Durán. Su información sobre el voto empleando una identificación digital como la aplicación miDGT abre una grieta inquietante a la hora de comprobar la identidad del votante antes de emitir su sufragio.

Como se ha explicado en este periódico, en teoría, esa aplicación se apoya en un sistema de verificación digital que exige la lectura de un código QR dinámico generado por los servidores del Estado. Ese QR es el elemento que garantiza que la identidad mostrada en el teléfono móvil es auténtica y está siendo validada en tiempo real. Pero, como denunció Isabel Durán, en las mesas electorales ese mecanismo simplemente no existe porque el Ejecutivo así se lo solicitó a la Junta Electoral Central. Ni presidentes de mesa, ni vocales, ni apoderados, ni interventores dispondrán de dispositivos para verificar el QR. La comprobación queda reducida a algo mucho más rudimentario: mirar una pantalla y decidir si el de la foto es el mismo. Vamos, que tiene muchas menos garantías del DNI de toda la vida. E incluso que el carné de conducir que solía ser aceptado como documento identificativo.

Gracias a la información de El Debate, la Junta electoral Central decidió cancelar el voto con esta identificación digital.

Ayer, de nuevo, tuvimos una muy buena noticia. El Tribunal Supremo paralizó la ley de nietos en una vista pública en la que aceptó las medidas cautelares solicitadas por Vox y por Iustitia Europa después de que El Debate denunciara los cuestionables derechos que esta ley daría a 2,4 millones de españoles que engrosarían el Censo Electoral de Residentes Ausentes.

Estos dos reveses son muy relevantes para la estrategia electoral del PSOE. El voto con identificación digital pretendía dificultar el control de quién emitía el sufragio. Lo que podía ayudar a votar más de una vez. La ley de nietos pretendía hacer ingeniería electoral y repartir los nuevos votantes a conveniencia en las provincias en las que sea más fácil cambiar un escaño de un partido a otro. Es decir: hacer trampas que es lo que mejor hacen.

Este intento de seguir engordando el censo era una razón evidente para demorar la convocatoria electoral todo lo posible. Cada día suman nuevos votantes a los que se presupone un agradecimiento a quien sin tener ellos el más mínimo derecho para ser españoles, se lo ha dado de la noche a la mañana.

Ya comprendo que la principal razón para que Sánchez no convoque elecciones es que fuera de la Moncloa hace mucho frío. Pero si por una milésima de segundo él se cree lo de que puede volver a ganar como le ha dicho a su grupo parlamentario, quizá cuanto más espere peor sea el resultado. Si ya no puede recolectar votos allende los mares puede ser prudente ir a votar cuanto antes para ver si mantiene ese inverosímil 26 por ciento que le auguran casi todos los sondeos.

Porque cuando en abril o mayo empecemos a ver a Begoña Gómez sentada en el banquillo de los acusados, la cosa será más difícil. No creo que le haga ganar votos, aunque en este país, nunca se sabe.