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HorizonteRamón Pérez-Maura

Sánchez: éste es el resultado de polarizar

Grande-Marlaska tuvo la semana pasada los bemoles de ir a Ceuta a decir que la sensación de inseguridad era una percepción subjetiva, pero eso sí, él salió de la Delegación del Gobierno y se dirigió al aeropuerto en un furgón de Policía blindado. No paramos de mejorar

España es un país roto y no quisiera ser ni Núñez Feijóo ni Abascal si, como apuntan todas las encuestas menos el CIS, cae sobre sus hombros formar un Gobierno de coalición tras las próximas elecciones —si las hay—. Sánchez ha provocado con toda intención una ruptura de la sociedad española que va a ser muy difícil restañar.

Aunque el CIS intente hacernos creer que el PSOE sería hoy el partido más votado, nadie se lo cree. Ya nos lo decía en 2023 y el PP le ganó. Solo por 1,38 puntos porcentuales. Pero la diferencia entre ganar y perder es enorme. Y el PSOE perdió las elecciones.

El CIS es una más de las instituciones que están asediadas por el Gobierno: la Monarquía, la judicatura, el Legislativo, las Fuerzas de Seguridad del Estado, las Fuerzas Armadas, el CNI… Es difícil encontrar una que no lo esté. Algunas, como la judicatura, tienen más capacidad de resistencia que los funcionarios del CIS que están mucho más sometidos pues no tienen la fuerza que acumula un juez o un magistrado. No digamos nada si además lo es del Supremo o de la Audiencia Nacional. Pero Sánchez ha creado un discurso descalificando todas las sentencias que son contrarias a sus intereses atribuyéndolas a voluntad política y no a razones judiciales. Así espera protegerse de sentencias contra su mujer como lo ha hecho ya de la condena a pena de inhabilitación de su hermano. Ya conocen el argumento: Begoña Gómez no se sienta en el banquillo por ser culpable de nada. Se sienta en el banquillo por ser mi mujer. Y en esa línea, cuando se siente en el banquillo el PSOE nos dirá que lo hace por ser su partido. Aunque ahí hay que reconocer que algo de razón sí tiene. Pero tampoco toda porque ya se sentó en tiempos de Felipe González.

Esta polarización ya sabemos que ha llevado a que Sánchez no pueda salir a la calle. Yo leo muchos comentarios de los lectores de El Debate en los que se arremete muy fuerte contra el Rey y contra Alberto Núñez Feijóo. Pero constato sin ápice de duda que ambos pueden salir a la calle y reunirse con la ciudadanía sin el más mínimo problema. Ambos son aclamados –especialmente el Rey– y nunca tienen el más mínimo problema. Sánchez no puede asomar la cabeza en ninguna parte. Es como Grande-Marlaska, que tuvo la semana pasada los bemoles de ir a Ceuta a decir que la sensación de inseguridad era una percepción subjetiva, pero eso sí, él salió de la Delegación del Gobierno y se dirigió al aeropuerto en un furgón de Policía blindado. No paramos de mejorar.

Y vuelvo al titular de esta columna: «Sánchez: éste es el resultado de polarizar». Ni Sánchez ni ninguno de sus 22 ministros tuvo el domingo lo que hay que tener para ir al Madring al mundial de Fórmula 1. Supongo que el presidente ya se imaginaba que en Ifema ya estaba vendido todo el pescado que a él le importa. Y, por una vez, tenía razón. Como hemos mostrado en El Debate, todo el público de la grada de meta bramó con gritos de «Pedro Sánchez, hijo de puta» –con perdón para las prostitutas. No hay mejor ejemplo de polarización. Éste es el resultado de la gestión de Sánchez. Lo que me sorprendió el domingo por la tarde fue que a diferencia de TeleMadrid, que abrió su informativo de las 20,30 con algo como estas imágenes que incuestionablemente eran noticia, el informativo de las 21,00 de Antena 3 que presenta Matías Prats no hizo la más mínima referencia a ello. Las manos de Mauricio Casals, las dos, siguen siendo muy alargadas.