Bien por Feijóo, bien por Abascal
La sintonía entre ambos en aquello que pueden y deben hacer juntos o no prosperará es la mejor noticia de la precampaña
Para quienes llevamos años defendiendo la necesidad imperiosa de que PP y VOX se entiendan, recalcando la evidencia de que sus diferencias no pueden abortar un entendimiento imprescindible y rechazando la etiqueta de ultraderechista para el partido de Abascal, impuesta por los mismos que pactan la Presidencia con filoterroristas, prófugos y golpistas y simplemente quieren evitar la alternancia democrática en España; es una espléndida noticia que las dos formaciones estén dispuestas a lo que sea para garantizarse la mayoría absoluta en el Senado.
No ha sido fácil, por cierto, mantener ese discurso en un ecosistema en el que unos y otros parecían exigir lealtades extremas, como si fuera más importante la victoria abrumadora de uno o el crecimiento de otro a la evidencia de que, sumados ambos, la desaparición del sanchismo y el peligro para la democracia que supone está prácticamente asegurada: allá los periodistas que han cacareado discursos agresivos contra VOX o contra el PP en estos años y ahora no saben qué decir en un nuevo escenario de razonable sintonía entre competidores electorales unidos, sin embargo, por la necesidad de poner encima el objetivo común al beneficio estricto de cada uno.
Habla bien de Feijóo y de Abascal que, por encima de sus legítimas aspiraciones, hayan entendido que o encuentran espacios de convivencia y trabajo conjunto o ayudarán, involuntaria y negligentemente, a que el trilero socialista encuentre una vez más el hueco por el que colarse, sobrevivir en el poder a cualquier precio y, para pagarse la permanencia en La Moncloa, pagar la factura oportuna y terminar de destruir la España constitucional.
Sea cual sea la fórmula final elegida, se trata de que el elector sepa que de un modo u otro PP y VOX van juntos al Senado: bien con listas conjuntas, bien con la retirada del partido con menos opciones en determinadas compensaciones y la cesión posterior del cupo de senadores de designación autonómica; lo relevante es que puedan aspirar a la mayoría absoluta.
Y aún más, a la cifra mágica de los 160 senadores, lo que supondría tres quintos de la Cámara Alta y la posibilidad de acompañar al Congreso en la aplicación de las reformas profundas que, en todos los órdenes imaginables, necesita una España maltratada por la incompetencia, el sectarismo, los peajes y la demagogia del peor Gobierno de la historia de España, una amalgama de irresponsables armada con el BOE.
Con ese resultado no necesitarían al PSOE para renovar el Tribunal Constitucional ni el Poder Judicial, lo que evitaría su uso espurio para blanquear amnistías, anular sentencias como la de los ERE, amordazar al Tribunal Supremo y perpetrar todo tipo de fechorías en contra del Estado de Derecho y a favor de las Begoña Gómez, los Zapatero y los David Sánchez de turno.
Porque no se trata solo de ganar: se trata de hacerlo con la fuerza suficiente para restituir el orden constitucional, acabar con el saqueo de las arcas públicas, sacar al nacionalpopulismo impuesto por extremistas de izquierdas y separatistas y restituir la convivencia basada en la igualdad y libertad de todos, sin primas tóxicas para nadie.
Todo eso está en juego y Feijóo y Abascal lo han entendido, para solaz de quienes, simplemente, no queremos una España a la altura de Sánchez, de sus secuaces y de sus suicidas ideas.