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Desde la almenaAna Samboal

Jugando con fuego

Han traicionado a la mayoría sumando minorías centrífugas, han colonizado las instituciones poniéndolas al servicio del partido, han forzado la legalidad hasta hacer parecer sus actos ilegales, han subvertido la letra y el espíritu de la Constitución

Han borrado el golpe en Cataluña, han eximido de cumplir sus penas a los condenados por el saqueo de los ERE y se han erigido en última instancia para enmendar la plana al Supremo cada vez que Moncloa ha requerido de sus servicios. De modo que, si en el Tribunal Constitucional no se han atrevido a blanquear la Ley de Nietos, comprando la argucia de Ángel Gabilondo, es que la fechoría es de las que hacen época.

Cuestionar la limpieza de un sistema electoral es jugar con fuego. El virus de la desconfianza se propaga con rapidez y la enfermedad produce efectos devastadores. Si los ciudadanos dejan de reconocer y respetar a los árbitros como tales y recelan de los procesos, ningún resultado será aceptado por la mayoría como legítimo. Lamentablemente, eso es lo que ha logrado el desarrollo de la Ley de Nietos y el empecinamiento indisimulado del gobierno en colar, valiéndose del torticero reglamento de Sofía Puente, a miles de personas en el censo electoral que no tienen derecho legal a votar. Su obcecación llega al extremo de desobedecer abiertamente una orden judicial que no hace otra cosa que conminarle a cumplir la ley que él mismo ha aprobado y el parlamento ha respaldado.

La puesta en escena política hace el resto. Primero, el CIS pronostica una victoria incontestable de Pedro Sánchez. Posteriormente, su asesor aúlico, Iván Redondo se hace una gira por las televisiones validando la encuesta. Y es que ciento sesenta mil electores no tendrían porque ser decisivos en un mar de treinta y ocho millones. Pero seis mil aquí, otros diez mil allá o quince mil en aquella otra parte pueden ir sumando escaños. Son los que se juegan a los restos en provincias pequeñas, las que aportan al Congreso entre tres y cinco diputados. El asesor lo dice bien clarito: son cincuenta y dos elecciones. Y una a una, miguita a miguita, escaño a escaño van sumando. No lo ocultan. Al contrario, lo exhiben con el mismo desparpajo con el que suben a la procesada Begoña Gómez a la tribuna o se carcajéan de los apagones en Renfe en la tele. Los antecedentes de la urna tras la cortina en Ferraz no invitan a confiar en ellos.

Éste es el penúltimo favor que este gobierno ha hecho a la democracia. Han traicionado a la mayoría sumando minorías centrífugas, han colonizado las instituciones poniéndolas al servicio del partido, han forzado la legalidad hasta hacer parecer sus actos ilegales, han subvertido la letra y el espíritu de la Constitución. Sólo faltaba sembrar la desconfianza en la legitimidad del propio sistema. Ya está hecho. Da miedo.

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