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en el recuerdoAlfonso Ussía

El clasicuco

El separatismo ha devorado a Cataluña. Y a su espíritu y equilibrio. Para los catalanes soberanistas no existen ni Dalí, ni Josep Pla ni Montserrat Caballé. Y no están sobrados de figuras universalmente conocidas y admiradas. Y aquel maravilloso equipo que no existe es consecuencia de un holandés y dos italoargentinos

Por primera vez en mi vida, he seguido sin emoción, sin enfados y sin vítores un Barcelona-Real Madrid. El resultado ha sido lo mejor, y es lo que queda. Pero el Real Madrid ha perdido la oportunidad de conseguir la humillación del contrario, que es lo que nos gusta a los forofos. El Barcelona, y no siento nada escribirlo, es muy malo. Hoy por hoy, un equipo del montón. Desde que se fue el diablo a París, el resto de sus futbolistas experimentan una gran depresión. Porque el Real Madrid tampoco es mucha cosa. Tiene un entrenador indeciso, aburrido, y soso. Pero todo se olvida cuando se advierte que el marcador ha favorecido al Real Madrid y ha hundido un poco más al Barcelona. No he tenido la oportunidad de oír el himno de los Segadores, que ha resultado gafe. Un amigo montañés me ha resumido el partido. –Esto no ha sido un clásico, sino un clasicuco-. En la vecina Asturias un clasiquín. En Galicia, un clasiquiño, y en Castilla, un coñazo.

Me ha gustado el paisaje del estadio lleno, ocupado por un público entregado a la vulgaridad. No se entiende tan elemental sumisión en un público que ha visto, durante años, un fútbol espectacular, casi perfecto. Nada tengo contra el Orihuela, pero me figuro que el público del Orihuela es algo más exigente que el actual del Camp Nou o Nou Camp, que tampoco está claro cómo se llama. En otros partidos, quizá, ese público se muestra más crítico y severo, pero cuando el Real Madrid es el adversario, una nube acomplejada y paleta sobrevuela el gran estadio azulgrana. Contra el Real Madrid, el fútbol se somete a la política, y en ese aspecto, se comprende la desilusión y la falta de exigencia. El catalán, por muy separatista que sea y se sienta, sabe que la desilusión es su único e inmediato futuro. No reconoce el fracaso, pero ha perdido el ímpetu. Al final, para protestar, sólo les queda Franco, aquel gran barcelonista. Palabras de Bernabéu: «El caudillo no es madridista, como dicen muchos. Eso sí, admira mucho a Gento». Y no hay que olvidar que Franco salvó de la quiebra al Barcelona, que le premió con dos insignias de oro y brillantes.

El separatismo ha devorado a Cataluña. Y a su espíritu y equilibrio. Para los catalanes soberanistas no existen ni Dalí, ni Josep Pla ni Montserrat Caballé. Y no están sobrados de figuras universalmente conocidas y admiradas. Y aquel maravilloso equipo que no existe es consecuencia de un holandés y dos italoargentinos. Cruyff, Maradona y Messi. Tuvieron los del «Barça» la sabiduría de buscarlos, encontrarlos y tenerlos, pero exceptuando a Cruyff, los otros dos se marcharon por dinero.

Y el Real Madrid supera al Barcelona en que sólo es un club. Ser «más que un club» es muy complicado de sobrellevar. Para colmo, el Real Madrid ha sido designado por la FIFA como el club de fútbol más importante del siglo XX, y ello también contribuye al desánimo culé. Que un club sea más que un «más que un club» deteriora excesivas serenidades.

De ahí, y ruego me excusen los que están en total desacuerdo con estas líneas, que este clásico me haya alegrado por el resultado, pero sin alcanzarme el ánimo. Me siento de igual manera que con una victoria normal del Real Madrid. Un Real Madrid-Osasuna, por ejemplo. ¿Qué se siente cuando el Real Madrid vence al Osasuna? Pues que tenemos tres puntos más. Sin ir más lejos.

Lo único importante, además de los tres puntos, ha sido que he llamado por teléfono a mi mejor amigo culé, tan hincha barcelonista como falto de sentido del humor, para explicarle que se ha ido la luz en mi casa y no he podido ver el partido por televisión. –¿Cómo han quedado?, le he preguntado. Su respuesta resume el ánimo por el que transcurre el barcelonismo. –Habéis ganado 1-2. Ha picado.

Y en soledad, he soltado una carcajada.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 26 de octubre de 2021
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