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Aire libreIgnacio Sánchez Cámara

El jabalí herido

Hay quien se cree, o finge creerlo, que la asunción de responsabilidad política entraña el reconocimiento de que se ha cometido un grave error o incluso que se ha incurrido en algún tipo de responsabilidad penal. No, es un asunto de ética y dignidad política

En una intervención en las Cortes republicanas, Ortega y Gasset, diputado electo por la Agrupación al servicio de la República, afirmó que no había acudido al Parlamento para hacer el payaso, ni el tenor ni el jabalí. Las tres especies políticas abundan en la España actual. El ministro de Transportes tiene algo de las tres, aunque en magnitudes diferentes. Como payaso es limitado y mediocre. Como tenor, falso. Pero como jabalí es magnífico. Baste recordar su intervención en la moción de censura contra el gobierno de Rajoy. Luego ha seguido su intachable trayectoria. Hasta hoy.

Naturalmente, se ha tratado de un fallo humano. Porque algo ha fallado. Y ese fallo no puede ser ni divino, ni angélico, ni animal, ni vegetal, ni mineral. Ha de ser humano, quizá demasiado humano. En Japón llevan seis décadas sin un solo accidente en Alta Velocidad. Se ve que allí no hay fallos humanos. Aquí tampoco los hubo durante décadas. De repente, somos falibles. Y no parece que quepa reducir el problema a ideología. Lo pusimos en marcha con un Gobierno socialista y fuimos infalibles con el mismo gobierno y con los de derecha que le siguieron.

La cuestión no es si ha habido fallo humano o no. El problema es qué fallos se han producido y qué seres humanos los han cometido. El Gobierno se ha apresurado, en un acto infame, a señalar a un controlador de Atocha. Y ha filtrado, ilegal y fragmentariamente, unas grabaciones. Entonces, no tiene sentido declarar que van a llevar las investigaciones hasta el final. A los pocos minutos ya sabían todo. El Gobierno es, entre otras cosas, el paradigma de la incompetencia, menos en encontrar al culpable. Es tan infame la actitud que hasta Comisiones Obreras se ha indignado y el Ejecutivo ha matizado su barbarie. No hay nada como un chivo expiatorio.

El problema es que, aun suponiendo que se hubiera producido un fallo humano en el sistema de control de Atocha, antes se habrían producido varios errores encadenados, entiendo que humanos. Un sistema de seguridad obsoleto que ha fallado. Un segundo sistema que también ha fallado. Una falta de inversiones debida quizá a que había alternativas de gasto más gratificantes. Y un poco de lógica. Cuando se produce una cadena de errores, la causa del accidente no es solo, ni principalmente, el último error. Si no hubiera fallado el primer sistema de seguridad, el accidente no se habría producido. Y, ciertamente, si no se hubiera producido un error en la decisión del funcionario, tampoco. Pero la causa, lógicamente, no se puede atribuir solo a este último. Serían varias las causas y varios los responsables. Se trata de un argumento lógico, no político. ¿No será el ministro de Transportes, en sí mismo, un fallo humano? ¿O el Consejo de Ministros? ¿O su presidente?

Desde 1992, mucho ha cambiado en la Alta Velocidad entre Madrid y Sevilla. Toda mente racional e inquisitiva se preguntará qué ha cambiado. Y un ministro de Transportes debería tener una respuesta que vaya más allá de culpar a un trabajador que acaso se haya equivocado, o no. Habrá que verlo. Pero, en cualquier caso, no sería el único error.

Y una breve digresión sobre la responsabilidad política y la obligación de dimitir del ministro. Hay quien se cree, o finge creerlo, que la asunción de responsabilidad política entraña el reconocimiento de que se ha cometido un grave error o incluso que se ha incurrido en algún tipo de responsabilidad penal. No, es un asunto de ética y dignidad política. Si soy el máximo responsable de la red ferroviaria y en nueve meses se han producido dos accidentes mortales con más de un centenar de muertos, debo dimitir, aunque no haya cometido ningún error grave y concreto. Solo por dignidad y respeto a los ciudadanos y, especialmente, a las víctimas. El ministro del Interior socialista, Antonio Asunción, cuando el socialismo era algo que no me gustaba, pero que era muy otra cosa que el actual, dimitió porque se había fugado el delincuente, también socialista, Luis Roldán. Y no consta que el ministro cometiera ningún error ni fallo humano. Simplemente, era el máximo responsable de la vigilancia del preso. Y no acusó a ningún funcionario por la huida. Se entiende que Felipe González no vote a este PSOE.

Un jabalí herido debe retirarse y cuidar sus heridas. Y, si es posible, pedir perdón.

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