Despioje en Sol
Ahora ya sabemos de qué va esto: se tomarán calles, plazas y despachos si pierden el poder que nunca debieron tener de esta manera
La acampada en la Puerta del Sol ha terminado con un taller para aprender a hacer kombucha, aunque hubiera sido más productivo quizá uno para fabricar gel casero, y unas sesiones nocturnas de hip hop, sin duda actividades legendarias para defender la noble causa de la vivienda o cualquiera que señalen los «aliades» del pueblo.
Es de extrañar que Rosa Parks o Gandhi, en su día, no optaran por parecida estrategia y, los muy aburridos, no entendieran que con botellones se defiende mejor cualquier derecho. A falta de un recuento definitivo de cascos de litronas, perros, flautas y chinches, legado de la heroica resistencia zanjada en la primera noche de frío por mera casualidad, queda una imagen para la posteridad.
Se puede invadir la plaza más emblemática tal vez de España, en la que despedimos y recibimos año y desde la que salen todos los caminos, si se dan dos condiciones: que al lado tenga el despacho Ayuso y que gobiernen tipos como Pedro Sánchez gracias a tipos como Iglesias, Rufián, Otegi, Yolanda Díaz y Ada Colau, que son los jinetes del apocalipsis pero viajan en burro.
La rave que se han montado en Sol les ha valido a los okupantes para convertir unas semanas el espacio en una mezcla de la playa del Trampolín y en su simulacro de lo que vendrá si la banda de Puente pierde el poder: calles tomadas en nombre de un pueblo que en realidad les ha echado en las urnas; algaradas y broncas contra los rivales políticos; una movilización menor pero ruidosa y agresiva en nombre de causas que en realidad han agravado con sus políticas sectarias e infantiles y una voluntad de estimular la confrontación social hasta extremos desconocidos.
Sánchez acudió a la Fiscalía por cuatro protestas contra Ferraz, Iglesias se acordonó la casa con la Guardia Civil para no escuchar el himno de España que le ponían cuatro vecinos con mala leche y todos ellos convocaban comisiones contra el odio cada vez que alguien se inventaba una agresión homófoba o racista inexistente o, de ser cierta, solo representaba al imbécil que la perpetraba: se trataba de convertir el bulo, o la repudiable anécdota, en categoría para definir a sus contrincantes y a los millones que le votaban.
El mensaje está claro, y PP y Vox deben tomar nota: si les van a arder las calles, tendrán que poner muchos bomberos y dejarles sacar a paseo la manguera. Porque tienen en frente a un especie única: si hubieran muerto 115 personas en menos de un año por accidentes en el Metro de Madrid, Ayuso estaría ahora presa o exiliada en paradero desconocido.
Si los mata una vía destartalada, con trenes a ciegas y una criminal falta de mantenimiento e inversión, las víctimas son Sánchez y Puente, los pobres, que van a sufrir un calvario en plena campaña electoral.
Lo único bueno de jugar a las cartas con un tramposo es que sus movimientos son previsibles y da tiempo a anticiparse. Y la duda final es si ese juego sucio comenzará después del 29N o lo hará antes. Uno se apostaría dos litros de la kombucha ésa a que lo veremos antes de acudir a las urnas. Miedo da solo pensar en qué estarán tramando para intentar salvarse de su propio incendio.