Las trabajadoras sexuales tienen un mensaje para Pedro y Begoña
No se pierdan la maravillosa declaración de Stop Abolición, háganse ese favor
La asociación Stop Abolición, que defiende a cara descubierta y con argumentos solventes, se compartan o no, la regularización del trabajo sexual a la vez que denuncia la trata de mujeres obligadas a practicarlo, ha publicado un demoledor vídeo que toda España debería ver.
Son cuatro activistas de la entidad, con un aplomo encomiable, un verbo cristalino y una contundencia pugilística, exigiéndole a Pedro Sánchez que atienda sus reclamaciones, que deje de utilizarlas para moralizar y, lo más importante, que no sea hipócrita: él mejor que nadie, vienen a decir, debe conocer el sector, del que ha vivido indirectamente y que incluso pudo financiarle su carrera política, algo que el aludido jamás se ha atrevido a desmentir ni siquiera cuando le han interpelado formalmente por ello en el Senado. Allí dijo el típico «no recuerdo» habitual en interrogatorios policiales cuando el interrogado no sabe cómo escurrir el bulto.
Las damas, que lo son y en algún caso con título de licenciada en Psicología, han hecho incluso una guía de los prostíbulos de la familia de Begoña Gómez, que incluye quince establecimientos donde se explotaba sexualmente a hombres y mujeres, alguno muy cerca de la pizzería donde el propio secretario general del PSOE acudía con sus suegros y su esposa a celebrarlo, tal y como él mismo reveló sin darse cuenta de que eso le delataba: parece razonable pensar que iba precisamente allí porque allí estaba el lupanar más conocido y sórdido del patriarca.
Más allá del debate sobre la regularización del sector, para el que es posible encontrar argumentos muy sólidos a favor y en contra (servidor es de los que piensa, en general, que algo que no vayas a poder evitar es mejor controlarlo que llevarlo a la clandestinidad), lo sustantivo es que Sánchez ha anunciado en incontables ocasiones que quiere prohibir la prostitución con una ley específica para tal asunto y que su partido la considera, sin ambages, una violación.
El maximalismo público contrasta, y esto ya de entrada es escandaloso, con la laxitud privada: no consta que Sánchez rechazara la ayuda de Sabiniano para vivir en Pozuelo y veranear en Almería, ni para que su esposa lograra un patrimonio que hoy le da a su familia la condición de rentista, ni que sacara a Begoña de esos antros en los que al parecer desarrollaba la función de contable.
Y tampoco que se negara a recibir la presunta ayuda financiera del suegro para, nada menos, ponerse al frente de un partido que defiende la prohibición del negocio que a su familia y a él mismo le ha dado jugosos dividendos.
Si el cinismo ya es suficiente para describir al personaje y preguntarse cómo alguien con esos antecedentes pensó siquiera que era una buena idea querer dedicarse a la política; la relación entre el proxenetismo y las primarias socialistas hace insoportable la permanencia en ningún cargo de semejante caradura.
¿Se imagina alguien a un solo dirigente político de cualquier país civilizado que sobreviviera a semejante currículo y encima pontificara al respecto, haciéndose encima el ofendido cuando le preguntan por semejante contradicción? Este asunto no es baladí y hay que agradecerle a Stop Abolición su arrojo para ponerlo sobre la mesa: que las quiera prohibir a ellas alguien que se ha lucrado con ellas se merecía una respuesta. Y se la han dado, en todo lo alto del hocico.