Sindicalistas que estáis en los infiernos
Ambos han llegado a verbalizar que son «currantes natos» mientras los españoles solo les reconocen su estajanovismo en la ingesta de marisco, una caricatura que es un traje a medida diseñado por el conocimiento público de sus corruptelas: allí donde han podido meter la mano en la caja, lo han hecho
Nunca ofrecieron los jefes de UGT y CC.OO. ninguna esperanza a la dignidad y a la decencia, ni siquiera a la empatía hacia los que sufren. Por eso nadie se ha sorprendido de que, de nuevo, Pepe Álvarez y Unai Sordo, hayan vuelto a reivindicar el castizo «ande yo caliente y ríase la gente», aunque en este caso lo que haga la gente sea llorar sin consuelo por 69 inocentes muertos. Pero tenía que ocurrir la atroz tragedia de Urda, que ha seguido a otra no menor en Adamuz, para que estos parásitos que viven de los caudales públicos, convenientemente alimentados por el titiritero que mueve sus hilos, Pedro Sánchez, hayan ofrecido en toda su mezquindad la talla moral que gastan. La degeneración de UGT y Comisiones ha llegado a su cumbre con la agonía del sanchismo: mantienen una huelga política para el día 11, convocada contra el PP (que lleva sin gobernar España desde hace ocho largos años), y no exigen ni una sola responsabilidad al Ejecutivo responsable de los dos siniestros ferroviarios y que, para más inri, ha intentado depositar en los hombros de un trabajador de Atocha la culpa del desastre de gestión de Óscar Puente. Nada les importa la seguridad de los trabajadores, ni el deterioro de una infraestructura que ha sido un motor de progreso para la clase obrera ni el futuro de las líneas de tren que han vertebrado España desde la llegada de la democracia. Nada.
Conocedores de que, si las encuestas y el sentido común de los españoles se imponen, su futuro puede quedar comprometido a partir del 29-N, no pueden dejar nada a la improvisación. Con subvenciones sanchistas que triplican las que recibían de Rajoy, saben bien que si ese maná se acaba ya nada será lo mismo e igual se tienen que poner a currar. El oprobio de estos sindicatos verticales, estos sí, quedó demostrado el día en que el líder de UGT, un asturiano con fular que se hace llamar Pep, viajó a Waterloo a comprarle la chatarra ideológica a un supremacista fugado, de la derecha casposa catalana. Los reaccionarios se tocan: no hay nadie más retrógrado que un sindicalista liberado viviendo del cuento y un delirante político con mocho creyéndose president en el exilio cuando es solo un cobarde.
Tanto Pep como Unai son de facto los ministros 23 y 24 del PSOE. Ambos se han manifestado en favor de los privilegios catalanes y mostrado plenamente de acuerdo con que ellos vivan de cine mientras los valencianos o canarios las pasan canutas. Estos representantes de la clase obrera, líderes menguantes en apoyos sociales que no en transferencias públicas –32 millones de euros en 2026–, no están ni mínimamente conmovidos con la muerte de 69 personas, entre los que había trabajadores, pensionistas, jóvenes en demanda de empleo, becarios, parados, viudas, huérfanos y parados discontinuos, como no están preocupados por los problemas del campo, ni por la Inteligencia Artificial y los estragos que hará en el empleo, ni por la tasa de paro juvenil que alcanza un 23,77%, ni por la desigualdad, ni por las multinacionales digitales, ni por los falsos autónomos. Qué va; a Pepe y a Unai lo que les preocupa es su condumio.
Ambos han llegado a verbalizar que son «currantes natos» mientras los españoles solo les reconocen su estajanovismo en la ingesta de marisco, una caricatura que es un traje a medida diseñado por el conocimiento público de sus corruptelas: allí donde han podido meter la mano en la caja, lo han hecho. Porque en ningún lugar del metaverso alguien que no sean estos dos cuentistas podría darse la misma vida padre que llevan sin pegar un sello desde tiempo de los godos y cobrando un pastizal público. Pastizal que no conocemos porque estos privilegiados jamás han hecho público –la transparencia solo opera para reclamársela al Rey– sus nóminas; me malicio que los ceros a la derecha deben ser inversamente proporcionales al horario laboral de Pep y Unai.
Ambos llevaban hibernando desde la moción de censura contra Rajoy, al que le hicieron dos huelgas generales, y ahora han despertado para organizar un paro político que no pueden desconvocar porque desde Moncloa no les dejan. Están Álvarez y Unai hechos unos tiernos bambis, a los que de vez en cuando hace cucamonas Yolanda Díaz, que ve en ellos a los herederos del sindicalismo de su padre. Los tres han vivido en estos últimos años instalados en un planteamiento sindical del siglo XX superado ya por los tiempos, que cree que de la teta del Estado hay que seguir extrayendo leche para repartir entre afines que luego lo agradecerán votando a la izquierda, en un círculo vicioso que ha tenido en los ERE de Andalucía su exponente más primoroso.
Si gobierna finalmente Feijóo les tendremos convocando huelgas generales a los postres de todas las comidas. Pero antes de que eso llegue, hay que quemar las naves en favor de Sánchez y, como él y Puente, despreciar a los trabajadores que viajaban en tren una maldita mañana de octubre.