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Cartas al director

Maternidad, el nuevo escándalo

En un mundo donde la libertad se predica como el máximo valor, hablar de maternidad se ha convertido en un tema incómodo. Mientras que la libertad sexual ha ganado espacios de diálogo en escuelas, medios, tertulias casuales entre amigos, la maternidad se ha relegado a una esquina silenciosa, como si hablar de querer ser madre fuese algo por lo que debiéramos avergonzarnos.

Hoy se puede hablar de relaciones abiertas, de identidades fluidas y de explorar el mundo con una mochila a cuestas, pero decir que una mujer desea ser madre sigue desatando miradas de sospecha, cuando no de condescendencia. Se celebra viajar sola, cambiar de pareja cada cierto tiempo o no tener ninguna, pero ¿por qué la maternidad ya no es motivo de celebración?

Y no hablamos de la maternidad forzada, hablamos del deseo libre y profundo de ser madre, sin culpas ni excusas. Ese deseo que, en muchos entornos modernos, se encuentra silenciado por el miedo al juicio, disfrazado de «autonomía», cuando la realidad que esconde es un rechazo cultural cada vez más evidente hacia la idea de formar familia. Porque claro, se dice que viajar nos hace más tolerantes o que ser madre joven es «desperdiciar tus mejores años».

Vivimos en un tiempo de decisiones aplazadas, donde la maternidad se posterga hasta que muchas veces ya no es posible, y entonces llega el arrepentimiento. Un lamento silencioso que no suele tener cabida en los discursos de empoderamiento contemporáneo, pero que existe.

Tal vez lo verdaderamente transgresor hoy no sea huir de la maternidad, sino atreverse a desearla sin pedir perdón.