Cartas al director
Sánchez y su 2,1 %. Hipocresía al máximo
A estas alturas, cuesta encontrar espacio para la sorpresa. Pero Pedro Sánchez siempre se las arregla para superarse. El pasado 22 de junio, en una comparecencia sin periodistas, sin público y casi sin oxígeno, afirmó con solemnidad que España solo aportará el 2,1 % del PIB en defensa, alegando un supuesto acuerdo con la OTAN que nadie ha visto ni en borrador ni en servilleta de bar.
Tres días después, el 25 de junio, en la cumbre de la OTAN en La Haya, todos los países —incluida España— firmaron el compromiso de alcanzar el 5 % del PIB en defensa para 2035: 3,5 % en armamento y un 1,5 % en programas. Todos firmaron. Todos lo asumen. Todos menos Sánchez, que jura estar exento gracias a un acuerdo invisible, incoloro e inodoro que solo él conoce.
Y por si quedaban dudas, en una nueva rueda de prensa —esta vez con periodistas y preguntas, no fuera que se aburriera— negó haber dicho lo del 2,1 %. Grabaciones en mano, parece que ahora las comparecencias también sufren interferencias espiritistas. ¿Sería una psicofonía?
El verdadero problema no es ya la incoherencia, sino la erosión de la credibilidad. España empieza a sonar a verso libre en una partitura de alianzas. Mientras nuestros socios suben el tono, Sánchez afina sus evasivas para contentar a sus apoyos internos. Lo internacional puede esperar… o fingir que no se firmó.
Curiosamente, la izquierda que señalaba a Rajoy por comparecer «por plasma» ha refinado el método: ahora se comparece sin testigos, sin periodistas y, a este paso, sin uno mismo.
Y así seguimos: con compromisos que se firman para luego negarse, con cifras que se inventan para agradar a todos y contentar a nadie. El 2,1 % no es solo una cifra; es una obra maestra del escapismo político.