Cartas al director
Lo que mal empieza
El señor Sánchez se hartó de decir por activa y por pasiva que no iba a haber amnistía porque era inconstitucional, ilegal, que no cabía en el ordenamiento jurídico, etc. La última vez que lo afirmó tajantemente fue un par de días antes de las elecciones de 2023.
Pero, ¡ay!, el PSOE –no lo olvidemos– perdió las elecciones y, ¡cómo no!, el señor Sánchez tuvo, una vez más, que «cambiar de opinión»; como el inolvidable Groucho Marx dijo, «estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros». Y, así, el señor Sánchez se inventó lo de la «mayoría progresista», que incluía, además del PSOE, a un elenco de partidos e ideologías las más de las veces, antagónicas: junto a los comunistas de IU, Podemos, Comuns, Compromís y demás siglas, se unieron el PNV (representante de la alta burguesía vasca), Junts (de la catalana), Bildu (adversario del PNV), ERC (de Junts) y algún otro.
Y, a cambio de sus siete votos necesarios para hacerle presidente, pactó con Junts la Ley de Amnistía, redactada entre los señores Puigdemont, prófugo de la Justicia, Cerdán, investigado por múltiples casos de corrupción y Boye, abogado condenado a 14 años de cárcel por colaborar con la banda terrorista ETA.
Esto es lo que el otrora prestigioso TC acaba de validar. Pero lo peor no es eso, sino que el Constitucional ha dejado la puerta abierta para que cualquier Gobierno pueda «inventarse» cualquier criterio para legislar a su antojo al margen del ordenamiento jurídico.
Lo que empezó mal acabará peor... Al tiempo.