Cartas al director
Pedro Sánchez, capitán del 'Caine'
¿Habéis visto El motín del Caine, aquella película clásica con Humphrey Bogart haciendo de capitán paranoico, obsesivo y absolutamente incapaz de aceptar que su liderazgo era un desastre?
Básicamente trata de un oficial, el capitán Queeg, a bordo del 'Caine', que poco a poco empieza a mostrar signos de desequilibrio. Controla hasta el último detalle insignificante, ve traiciones por todas partes, convierte su incompetencia en virtud y se hunde en una espiral de autoritarismo y victimismo. El resultado es que su propia tripulación termina por rebelarse, harta de sus delirios.
Y ahora decidme: ¿no os suena peligrosamente parecido a Pedro Sánchez?
Porque, entre nosotros, ¿qué diferencia hay entre las fresas en conserva del capitán Queeg y las obsesiones de Sánchez con el bloque reaccionario o la fachosfera? Todo gira en torno a él, todo es una campaña contra su persona, todo es un: yo, mí, me, conmigo.
Pedro Sánchez ha convertido España en su propio 'Caine'. Hace y deshace a su antojo, se victimiza, purga a quien no le aplaude con suficiente entusiasmo y firma pactos con quien dijo que nunca lo haría.
Al final de El motín del Caine, cuando el juicio destapa la inestabilidad mental del capitán Queeg, uno de los personajes dice: «La culpa no fue solo de él. También fue nuestra, por dejarle seguir al mando tanto tiempo». Y quizá esa sea la reflexión más incómoda para nosotros como ciudadanos.
El barco sigue en pie, sí, pero con un capitán que se cree invencible. En El motín del Caine, alguien tuvo el valor de decir «basta». Aquí, en cambio, seguimos en silencio mientras el capitán baila con la locura… y el naufragio es solo cuestión de tiempo.