Cartas al director
España, frontera de Europa
Nadie puede discutir que España a lo largo de la historia, por su posición geográfica y por otros atractivos de tipo económico, ha visto la llegada de muy diversos pueblos que se han asentado en su territorio bien pacíficamente o por invasión guerrera. Aquellos celtas e íberos y otros como los berones y pelendones, o los tartesios, los fenicios y cartagineses pusieron el prefacio a la época romana.
Y cuando cayó el Imperio Romano los bárbaros pusieron pie en España, con diversos pueblos, suevos, vándalos y alanos a los que más tarde absorbieron los visigodos, que se verían invadidos en 711 por los árabes, que se mantuvieron en nuestra tierra ocho siglos en pugna con la España cristiana, que también vio la llegada de gente que huía de la Inquisición francesa, los cátaros, los puros, los perfectos, un integrismo religioso que en la España católica encontró tolerancia para su establecimiento. A España no le puede extrañar que su territorio se convierta en una posada para cualquier peregrino. Ocurre que los vientos de la historia, la internacionalización de las relaciones mueve aún más la migración fomentada por las diferencias sociales por el derecho de la gente a mejorar su condición, muchas veces amenazada por guerras y persecuciones étnicas y religiosas, cuando no por el hambre y por enfermedades endémicas. Y es ahí, donde España es aventajada playa donde arriban, con grave riesgo de sus vidas, muchos inmigrantes con la esperanza de mejorar su vida. La frontera de España es también la frontera de Europa, en la que estamos integrados, por lo que la legislación europea debe aplicarse junto con la española Ley de extranjería a quienes pretenden incorporarse a nuestra comunidad. Bien debe tenerse en cuenta que la adaptación a nuestra sociedad a veces puede ser dolorosa bien por la inadaptación del inmigrante o porque no estén suficientemente engrasados los mecanismos de integración, por lo que si no fuesen adecuados los medios del Estado, debe recurrirse a la competencia subsidiaria de la Unión Europea, a quien debe encomendarse la gestión de pactos con los países de origen migratorio con objeto de una llegada regulada y fructífera para el país y para el inmigrante.