Cartas al director
España en quirófano
España no duerme: está intubada, en coma inducido, sostenida por una maquinaria que apenas logra mantenerla con vida. No es una crisis repentina, sino el desenlace de una enfermedad crónica: corrupción sistémica, instituciones necrosadas, economía asfixiada, y una ciudadanía anestesiada por la propaganda y el hastío. Los órganos vitales del Estado —educación, justicia, sanidad y administración— muestran un deterioro profundo, fruto de décadas de negligencia y descomposición ética. La juventud, que debería regenerar el sistema, es expulsada o condenada a la precariedad.
El pronóstico es crítico. Sin una intervención urgente, profunda y sin concesiones —reforma real, transparencia inflexible y justicia—, el colapso será inevitable: no solo político, también social y moral. No hay margen para la indiferencia. El bisturí está en manos de todos. Si no se actúa, la muerte institucional de España será responsabilidad compartida. Y no habrá segunda oportunidad.