Cartas al director
Ayer, hoy y mañana
Todavía ayer, cuando los asalariados eran obreros y hasta incluso algunos los invocaba como proletarios, el PSOE contaba con el privilegio de ser el partido político adalid que defendía sus reivindicaciones; todavía hoy, al margen de los 'nuevos proletarios' (advenedizos burócratas reconvertidos en ejecutivos de pacotilla), quizá reste algún rezagado de esa porción de la tarta electoral que aún crea que el socialismo le va a arreglar la vida.
Eso fue ayer. Hoy, ese nutrido porcentaje de votantes está huyendo en masa de un falso socialismo, caduco y rastrero, no sólo en España, sino en toda Europa. Detrás de esta fuga subyace lo que desde siempre ha estado ahí, pero no se ha visto o no se ha querido ver: los cuadros y élites socialistas –bajo la cortina de un respaldo de soflama–, siempre se han aprovechado de la pobreza y de los débiles para encaramarse al poder y arribado a él, olvidarse del interés general para centrarse en el interés particular.
Mañana, aunque ya arrancando feminismos, sexualidades variopintas, ecologismos de sillón y butaca y, sobre todo, emigrantes, van ocupando las principales debilidades y pobrezas del ni tan siquiera socialismo sanchista, todo un falso progresismo que hace ya mucho aprendió a subvencionar el voto.