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Cartas al director

Hagamos ruido

El «ruido» tal como lo define la RAE es un sonido no deseado, generalmente molesto, que puede interferir en la comunicación.

Sánchez siempre ha acusado a la oposición de hacer ruido en vez de proponer argumentos sólidos para la buena gobernanza. Según él, la oposición debía dejar de hacer «ruido» para permitir al Gobierno que pueda centrarse en su gestión sin obstrucciones que despisten de lo importante y bla, bla, bla... El presidente del Gobierno reprocha las interferencias de la oposición, cuando él mismo es el primer alborotador ruidoso de la política española intentando tapar la putrefacta corrupción que envuelve su gestión y a sus familiares con medidas que despistan a los ciudadanos de los problemas realmente importantes que les preocupan.

Hoy en día, sus miles de asesores se devanan los sesos intentando encontrar nuevos «ruidos» que puedan solapar las malas acciones de este gobierno que ya no gobierna, sino que provoca, buscando la disputa o el escándalo permanente.

Últimamente, llevamos varias ideas geniales, estruendosas y que no afectan directamente al Gobierno porque no lo ponen en entredicho. Leyes de ni fu ni fa, de poca monta, triviales que sí pueden generar debate en los ciudadanos. Y así, se pueden dar estas situaciones monclovitas: «Pedro, podríamos preparar una ley para proteger la dignidad, el derecho a la vida y a la libertad de los grandes simios». «No sé, no sé…». «O mejor te propongo esta otra: debíamos proponer a la Unión Europea el cambio de hora en 2026, tío, que no se cambia desde 1918… ¿Te parece suficiente ruido o lo ves muy estrambótico?». Y Pedro respondió: «Sujétame el cubata».

Victoria Blasco López

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