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Cartas al director

No hay color

El socialismo en el siglo XX ha constituido un sonoro fracaso. Pero conocemos las razones: se hizo mal -¡de nuevo!- y en realidad no era «el socialismo» como debía ser. Exigía otro intento más, que se llevó a cabo de forma ejemplarizante en Venezuela. ¿Qué ha sido del socialismo del siglo XXI? A saber, el de un país que posee las mayores reservas de petróleo después de Arabia Saudí, así como inmensos yacimientos de gas, oro, bauxita, hierro, níquel y metales raros. En el que el PIB ha disminuido un 75 % entre 2014 y 2020, retrocediendo desde entonces una media del 10 % anual. De hecho, para un país que no está en guerra estos datos significan un colapso sin precedentes desde 1945. Pero hay más.

La inflación llegará al 350 % en 2025. El bolívar se ha devaluado un 99 %. Esto último, para colmo, ha provocado la dolarización del comercio y de los pagos en un régimen que se vanagloria de ser el abanderado de la lucha contra el imperialismo estadounidense. En términos de PIB el déficit público ronda el 15 %, y el país ha incumplido el pago de su deuda soberana, que alcanza el 137 %.

Mientras tanto, la denostada «globalización» de corte capitalista y liberal ha sacado de la indigencia a 1.200 millones de personas. La revolución bolivariana ha sumido en la pobreza extrema al 90 % de la población, la mortalidad infantil ha alcanzado ya los niveles de Pakistán, y la tuberculosis y la malaria son endémicas. Grandes zonas del territorio están además abandonadas en manos de organizaciones narcocriminales. ¿Este es el modelo al que deben aproximarse España y el mundo? ¿Por qué se juzga al capitalismo por sus peores resultados y al socialismo por sus mejores intenciones cuando los resultados del primero sobresalen con holgura y las intenciones del segundo siempre defraudan?

José Eguiagaray

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