Cartas al director
La ancianidad
Leer a Azorín es siempre motivo de regocijo interno, amenidad y serenidad. Es de admirar que su ingente labor publicada sea fundamentalmente descriptiva, aunque la califique de ensayo, novela, etc. Ha recibido a veces críticas por su excesiva riqueza de vocabulario y, según otros lectores, muestras de admiración y elogio; pero todos, sorpresivamente, la consideran repleta de sentido común.
Por afectarme, en lo referente a la edad, leo en un capítulo de Don Juan (que no tiene nada que ver con el mítico personaje), novela de 1922: «La ancianidad es respetable, debido a que, por lo menos, supone larga lucha con las numerosas causas de destrucción que, incesantemente, circundan cuanto existe…»
Me parecen estas palabras de preocupante actualidad cuando los temas que se están discutiendo, no digo ya a nivel nacional, sino internacional o casi mundial, sean el aborto y la eutanasia. El aborto se ha convertido ya en un negocio multimillonario, pero la eutanasia es más novedosa y está costando introducirla en la sociedad. No se le ha encontrado todavía el quid, la esencia, que la haga atractiva; pero es un empeño político y el tiempo, desgraciadamente, acabará por imponerla de la manera más insospechada argumentando razones convenientes (que, desde luego, serán irracionales).
Mientras tanto, luchemos de manera denodada para que esto no suceda y podamos seguir deleitándonos con la lectura amena y serena del Maestro Azorín.