Cartas al director
La divina eucaristía, termómetro del Estado social
Por supuesto que lo más cómodo es callar y meter la cabeza como el avestruz bajo las alas. Pero eso es cobardía y plegarse a los criterios del mundo. Se crea o no se crea, es indiferente. Lo que impera en esta Iglesia y sociedad, son los pobres, que aumentan incesantemente al mismo ritmo que se desacraliza la divina eucaristía. Pero, ¿de qué pobres hablamos? En el Evangelio dice Cristo, pobres los tendréis siempre entre vosotros, y Él no tenía donde reposar la cabeza, e ilumina esa doctrina con parábolas, los pobres de espíritu, los que confían en la Divina Providencia. Buscar el Reino de Dios y lo demás se os dará en añadidura.
Y lo que veo desde mi dilatada existencia, la divina eucaristía empeora de día en día. Hablar solo de los pobres materiales son palabras vanas, lo que hay que hacer es pedir por la conversión de los ricos. Sin Dios, es decir, sin la divina eucaristía, que es la vida del mundo, no puede haber paz. La situación actual del mundo cada vez es más preocupante, es como un globo que se está inflando y está a punto de estallar. Con lo que gastan las naciones en armamento, no habría pobres en el mundo. Hay que estar alerta por lo que pueda ocurrir inesperadamente. ¿Profeta de calamidades o es la voluntad de Dios?