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Cartas al director

El despropósito de la Fiscalía General del Estado

Sabíamos que el juicio surrealista y esperpéntico al fiscal general del Estado iba a dar mucho espectáculo. Triste y desolador, pero grandioso.

El primer día, bueno, primer acto de la tragicomedia del fiscal, patético.

Pregunta de manual, según la Ley, ¿se reconoce como culpable de los hechos por los que se le acusa? Rotundamente, no. Segunda, ¿filtró usted a la prensa el correo electrónico en relación a la causa seguida contra la pareja de Díaz Ayuso? (Bueno, textualmente, no, pero se sobreentiende) Respuesta, no. «No me miren que yo no he sido».

Se le toma declaración como prueba testifical (ya no es mero indicio, estamos en juicio oral, todo es prueba directa), a la fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Y la testigo reconoce que sí, que hubo una filtración procedente del FGE con anterioridad a que lo supieran los medios, a través de una nota de prensa.

Se produce un silencio sepulcral en la Sala de Vista del Tribunal Supremo, con 5 magistrados estupefactos, el acusado poniendo cara de póker, como pensando «vaya traidora».

Esto solo como acto relevante del ¡primer día!

En cualquier acto de juicio oral, el acusado ya hubiera buscado la conformidad para reducir la pena. Pero, claro, no es un acusado cualquiera, es la máxima autoridad de la Fiscalía.

Y, seguro, que saldrá absuelto. No se debe condenar a la máxima autoridad de la Institución. Ese es el mensaje.

Aunque se acrediten los hechos, desde el Gobierno de Sánchez, se promoverá la absolución, porque era un acto político del Señor FGE, y la Fiscalía es de Pedro Sánchez, del gobierno, por supuesto.

Ya seguiremos contemplando el resto del sainete. Doce días que avergonzará al Estado de derecho.