Cartas al director
¿Qué es el hombre?
Hoy resulta complicado proponer una antropología personalista. El lenguaje de nuestros días sufre de una crisis nerviosa y hay que hacerle entrar en razón. Se utilizan las buenas razones para malas causas. Existe una racionalidad imperfecta frente a la cual tal vez no nos queda otra que atarnos al mástil como Ulises con las voces de las sirenas. El Pensador de Rodin es modelo del hombre de hoy, curvado sobre sí mismo y apoyado en su bonita barbilla, pero vacío. Vivimos en la era del vacío y de la soledad. Es terrible la soledad en medio de la multitud.
Hoy en día difícilmente puede obtenerse una definición que sea reconocida universalmente. Nuevas concepciones imponen una revisión absoluta en las ideas del «hombre contemporáneo». La revolución antropológica, este concepto se asocia con la inteligencia artificial, los robots, el smartphone, la discusión sobre el género, el aborto, la eugenesia y la superación del humanismo tradicional. El ‘posthumanismo’ significa que va más allá del humanismo y del antropocentrismo. 'El transhumanismo' propone superar los límites naturales de la humanidad mediante el mejoramiento tecnológico y la separación de la mente del cuerpo humano.
Frente a esto, Ratzinger se centró en comprender al ser humano desde una perspectiva filosófica y teológica, enfatizando su creación como imagen de Dios, su ser relacional y su vocación a la verdad y la libertad. Buscó superar la fractura entre fe y razón. La cristología juega un papel central en su antropología. Cristo, el hombre nuevo: Jesús, asume plenamente la naturaleza humana, presentándose como el «hombre nuevo» y completo. Revela quién es realmente el hombre, iluminando su existencia. Jesús como modelo: Jesucristo es la respuesta a la pregunta sobre el ser humano.
Lo propio del hombre apunta a lo propio de Dios como su hacedor. La frase: «¿qué es el hombre para que te acuerdes de él?», proviene del Salmo 8 y reflexiona sobre la humildad humana en contraste con la grandeza de Dios. La respuesta bíblica es que Dios ha hecho al ser humano «un poco menor que los ángeles», lo ha coronado de gloria y honra, y le ha dado dominio sobre las obras de sus manos.