Cartas al director
Huérfanos de Ussía
Desde mi recién estrenada jubilación y mi nueva condición de estudiante atípico de periodismo, mi pasión, recurro a mis amigos de El Debate para escribir unas palabras que sirvan de homenaje póstumo a Alfonso Ussía de uno de sus muchos lectores.
Permíteme que te tutee, Alfonso. Tómatelo como una forma de respeto a alguien que forma parte de mi vida. Te conocí muy joven a través del Diario YA, que mi padre llevaba cada día a casa. Desde entonces me enganchaste con esa mezcla de cultura e ironía que te ha caracterizado durante toda tu vida. Y desde ese momento te busqué en todos tus destinos, terminando con tus años magistrales en El Debate. Y han sido magistrales porque han sido tus años de mayor libertad y rebeldía.
Tengo el orgullo de haber conseguido que gente de mi entorno se enganchara a tus columnas. Mi única red social es WhatsApp, y desde ella son innumerables los artículos compartidos con el comentario «de obligada lectura». Y lo he hecho incluso con jóvenes universitarios que ni siquiera sabían de tu existencia. Lo hice, por ejemplo, con un artículo tuyo del 14 de enero de este año titulado Continente y contenido, en el que reflexionabas a tu estilo sobre la necesidad de que nuestro Madrid dotara a su nuevo y maravilloso estadio (continente) de un contenido a su altura (orientación deportiva).
Cada mañana, Alfonso, me resultaba imposible echarme a andar sin leer previamente tu columna. Y estoy seguro que hay muchos como yo. ¿Y qué hacemos ahora, Alfonso? Lo único que se me ocurre es recurrir a lo mucho que he aprendido a través tuyo para imaginar qué dirías a propósito de cualquier tema de actualidad, pero sobre todo para imaginar cómo lo dirías. Podré imaginarlo, Alfonso, pero jamás podré emularlo. Porque el molde de personas como tú hace tiempo que se rompió, y no puede haber inteligencia natural ni artificial que se te parezca.
Lloro tu muerte, Alfonso, porque eres uno de los míos, y así lo siento. Mi impresión es que te vas demasiado joven y que me debes muchas columnas. Eres buen pagador, así que págamelas desde donde estés. Y cuida de esta España que tanto te dolía.
Huérfano me dejas, Alfonso. Descansa en Paz.