Cartas al director
El sabor de la verdad
Siempre se ha dicho que la verdad es libre, que no puede vivir amordazada. La verdad es como un león, basta con soltarlo y se defiende solo. La verdad es sin duda la dueña de la inteligencia y ha de gobernar la vida con ideas sólidas y llenas de contenido positivo.
Y la verdad es consecuente con la paz. Por eso es un buen y firme propósito a comienzos de año el vivir, mostrar y predicar la verdad, si es que realmente queremos la paz.
Pero la verdad tiene unas connotaciones que afectan a todos los órdenes de la vida. Órdenes de la vida que podríamos condensar en tres grandes grupos:
El primero estaría referido a la vida pública y política, a los gobernantes. Esto puede parecer una utopía, pero no aceptarlo es tristemente una realidad: si los gobernantes mienten están socavando los cimientos de la estabilidad, situación que se irá extendiendo como las turbulentas aguas en un desbordamiento.
El segundo grupo comprendería a los hombres que se convierten en adalides del pensamiento, de la cultura y de la ciencia. De una u otra forma dirigen e influyen en el desarrollo y evolución de la sociedad: No ir en la dirección en verdad adecuada sino en otra equívoca, y a veces hacerlo intencionadamente, conduce a resultados nefastos.
Y en tercer lugar el hecho religioso. El fomento de la religión siempre ha sido una destacada y segura fuente de paz y de orden frente a los enemigos y partidarios de su abolición Las creencias religiosas contribuyen de manera positiva y eficaz al fomento, desarrollo y asentamiento de la verdad y, en consecuencia, de la paz.
Verdad y paz, un esperanzador programa y propósito para este año que comienza y para el que deseamos los mejores augurios.