Cartas al director
Pésimo trato
Recientemente, acudo a la cita prevista por la tarde a una consulta con mi doctora en el Centro de Salud de Aravaca. Horas antes, recibí por SMS recordatorio de la consulta. Asimismo, en la entrada del ambulatorio, el dispensador me facilita el ticket confirmativo de la cita. Transcurridos varios minutos, la consulta no se abre. Permanece en penumbra, con pacientes esperando.
Finalmente, cansados de esperar, bajamos a Recepción y se nos informa de que la doctora se encontraba esa tarde en huelga. Nadie desde el Centro, tampoco ella, nos había avisado a los pacientes de la cancelación y así evitar desplazamientos poco aconsejables en esta epidemia de gripe severa.
Me pregunto si Hipócrates hubieran avalado una forma tal de proceder que, al menos desde la experiencia del paciente, resulta difícil de conciliar con la acción médica previa más elemental: avisar al paciente de una cancelación. Teniendo fundadas razones para ejercer el derecho de huelga, lo mínimo habría sido garantizar que los pacientes citados supieran a qué atenerse. Y no estar siendo tratados in situ como meros medios más allá de sus dolencias. Es la manera más expeditiva de perder la razón por muchas razones que se tengan.
Este hecho lamentable se suma a la sensación general de marasmo que afecta a nuestra Administración Pública en su atención ciudadana y de manera creciente en su ámbito sanitario.
Se confirma tristemente aquel dicho de Machado en el Mairena: «Cuando todo baja, ¡qué difícil es no bajar uno también!», pongamos por caso en la atención personal a los pacientes.