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Cartas al director

Juego de trileros

El Gobierno eligió el pasado martes, con mucho cuidado, el momento para lanzar uno de los anuncios de mayor carga política de la legislatura. Mientras el Congreso de los Diputados rechazaba el decreto ómnibus, al igual que ocurrió en 2025, que incluía la revalorización de las pensiones y dejaba en suspenso la continuidad de ayudas esenciales, el Consejo de Ministros activaba la tramitación urgente de una regularización extraordinaria de inmigrantes en situación irregular, por la puerta de atrás. La medida anunciada afectará, según las estimaciones oficiales, a más de medio millón de personas que ya viven y trabajan en España al margen del sistema legal, un proceso excepcional, cuyo impacto social, económico y administrativo será profundo, ya que ninguna regularización masiva es neutra ni inocua. Los efectos directos sobre los servicios públicos, sobre el mercado laboral y sobre la credibilidad de la política migratoria exigen del Gobierno recursos, planificación y un relato honesto que explique no solo los beneficios, sino también los límites y las obligaciones que conlleva. Sin embargo, resulta imposible ignorar el contexto político en el que se produce el anuncio, el mismo día en que el Gobierno vuelve a fracasar en el Congreso y demuestra, una vez más, su incapacidad para articular mayorías estables. El rechazo del decreto ómnibus deja en el aire la subida de las pensiones y sitúa a millones de pensionistas ante un escenario de incertidumbre inmediata.

A ello se suma un clima de creciente indignación por el grave accidente ferroviario de Adamuz, que ha puesto en cuestión la gestión de las infraestructuras por parte del ministro Óscar Puente y ha generado críticas por la fisura en las explicaciones y por un silencio político difícil de justificar por parte del presidente del Gobierno. Lejos de afrontar ese desgaste y dar la cara, Pedro Sánchez opta por desplazar el foco y anuncia una regularización con una sincronía que solo se entiende si lo que se pretende desde Moncloa es dominar la agenda mediática, reordenar el debate público y situar al Ejecutivo en un terreno más favorable diluyendo las preguntas incómodas sobre responsabilidades, gestión y gobernabilidad. Auténtico juego de trileros.

Genaro Novo

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