Fundado en 1910
Ángel Turel

Felicidades y agradecimientos a los ingenieros de caminos de las Confederaciones

Si los sistemas de auscultación de las presas no están correctamente mantenidos, están obsoletos o directamente no funcionan, no sabremos cómo se puede comportar la presa y eso es un gran problema

Quisiera desde aquí agradecer y felicitar a mis compañeros ingenieros de Caminos, Canales y Puertos por la gestión llevada estos días con la cadena de borrascas que ha cruzado España y en concreto Andalucía, optimizando al máximo sus recursos.

Alguien dirá que, cómo puedo decir esto si ha habido inundaciones, cortes de carreteras, desprendimientos, desalojos y por desgracia una víctima mortal. Pues bien, ante todo debemos ser conscientes que, si no hubiesen existido los sistemas de control de avenidas, fundamentalmente presas de embalse, y su sistema de gestión, los daños hubiesen sido infinitamente superiores.

España es un país seco, en algunos sitios casi desértico, pero de igual manera, en España cuando llueve, suele llover mucho, de ahí la existencia de barrancos, ramblas y demás cauces habitualmente secos.

Desde tiempos de los romanos, se comenzó a controlar el agua, con embalses de los que alguno sigue funcionando, los árabes continuando perfeccionando el sistema. Pero hasta el siglo XIX y sobre todo el XX no se inició realmente la regularización de los ríos. Esta regulación consiste en almacenar el agua que viene de una tormenta y soltarla mucho más despacio aprovechando el fenómeno llamado laminación.

Para ello es fundamental la previsión meteorológica, para hacer hueco en los embalses previo a las tormentas. Durante las mismas se procede a evacuar agua por los desagües de fondo y medios, procurando un caudal que produzca el mínimo daño. En caso de tormentas muy duraderas, los embalses eliminarán el agua por los aliviaderos de coronación cuyo caudal no debería sobrepasar el que llega al embalse (en algún caso podría producirse, pero es muy extraño)

Entonces ¿por qué hay desbordamientos de ríos?, pues porque, aunque parezca una contradicción, probablemente no lo ha habido. El problema, es que, al estar regulados los cauces, las avenidas que suelen ser habituales, muchas veces anuales, ya no las sentimos, pues son controladas por los embalses. De ahí, cuando las avenidas superan un nivel habitual, se suelta el agua que ocupa su cauce natural. El problema viene cuando esos cauces naturales se han ocupado por construcciones. La gente piensa que, como hace más de cincuenta o setenta años que por ahí no pasa agua, ya no va a volver a pasar. Luego nos lamentamos.

Las carreteras también se ven afectadas y es que los cálculos de los drenajes no se pueden hacer previendo avenidas extraordinarias, pues su coste las haría inviables.

Las obras civiles, en cuanto a soportar avenidas de agua, se diseñan optimizando la relación coste/daño. El colapso de una presa, podría implicar cientos de muertos y daños económicos incalculables; por ello se calculan para periodos de retornos superiores a los 500 años (esto quiere decir que la probabilidad de que llegue esa avenida este año es de 1/500 como dato estadístico) y por tanto son muy costosas. Una carretera convencional, sus drenajes subterráneos pueden calcularse con periodos de retorno de 100 años, pues los daños causados, normalmente, se reducen al corte de comunicaciones y a la reposición de la infraestructura.

El famoso Anticiclón de las Azores, que Mariano Medina nos recordaba a los que hoy ya peinemos canas para justificar la pertinaz sequía, este año ha decidido colocarse más al sur de lo habitual. Esto hace que las borrascas provenientes del Atlántico, entren por España, en lugar de subir a Francia o al norte de Europa como suele ser habitual. Eso estaba previsto que pasara.

Sabiendo lo que podía pasar y viendo lo que pasaba, los ingenieros de las confederaciones hidrográficas, trabajaron con los embalses utilizando sus medios disponibles.

Los medios disponibles son fundamentales y deben estar en correcto funcionamiento. Para ello, es fundamental su mantenimiento. Si los sistemas de auscultación de las presas no están correctamente, mantenidos, están obsoletos o directamente no funcionan, no sabremos cómo se puede comportar la presa y eso es un gran problema. Mayor es el problema si los desagües de fondo e intermedios no funcionan. Estos muchas veces están inutilizados por sedimentos o fallan por falta de uso, dejando el control de caudales exclusivamente a los aliviaderos de coronación, reduciéndose el control de las laminaciones considerablemente.

Estos días, desde la Asociación de Ingenieros de Caminos (no confundir con el Colegio) han transmitido datos preocupantes del mantenimiento de las presas. Esto supone un riesgo inmenso, casi como jugar a la ruleta rusa. Afortunadamente, no ha habido grandes problemas, aunque la imagen de una retroexcavadora utilizada para levantar una compuerta daba mucho miedo.

En caso de no haber podido abrir dicha compuerta, el agua podría haber salido por coronación sin control. Si la presa es de hormigón y las laderas de la presa son estables, a lo mejor no pasaría nada, pero si fuera de materiales sueltos o las laderas estuviesen meteorizadas, podría conducir al colapso.

Seguramente, hubo desagües de fondo que no funcionaron correctamente y a pesar de ello, se pudieron controlar estas avenidas extraordinarias, dentro de un nivel medianamente aceptable. Por ello, el mérito de nuestros ingenieros de Caminos es aún mayor.

Sólo me queda rogar que no se olvide el mantenimiento y actualización de nuestras infraestructuras. Los daños causados por estos motivos los hemos visto en el apagón y en el terrible choque de trenes. Esperemos no verlo nunca en fallos de nuestras presas, pues sus consecuencias serían devastadoras.

Por último, recordar a los responsables del Planeamiento Urbano que tengan en cuenta los cauces de verdad de los ríos, esto es barato y no causaría daños futuros.

  • Ángel Turel es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos
comentarios
tracking

Compartir

Herramientas