Cartas al director
Los ideales fracasados
Una constante histórica, que se repite con demasiada frecuencia, es la proclamación solemne de unos ideales o principios políticos y a continuación, cuando se trata de ponerlos en práctica, la política del día a día los corrompe y lleva a su fracaso. Un ejemplo significativo lo tenemos en la revolución francesa. Sus ideales de libertad, igualdad y fraternidad fracasaron estrepitosamente cuando los nuevos gobernantes de la Francia de aquellos años convirtieron la revolución en algo totalmente diferente. Un sistema político cuyo fin era la implantación de una democracia basada en la dignidad y derechos del ciudadano se transformó en una tiranía bañada en un mar de sangre y terror.
Semejante comportamiento se repitió después con la proclamación de la II República en España. Unos ideales republicanos, que levantaron tantas expectativas en el pueblo español, fueron traicionados por diferentes grupos políticos y sociales, que convirtieron el país en un caos, sembrándolo de asesinatos, desorden, odio y venganzas, que los diferentes gobiernos republicanos no supieron atajar y pacificar. En otro orden diferente, y en lo que se refiere a los ideales fracasados, lo tenemos en el partido que gobierna España. Un partido de orientación socialdemócrata, de centro-izquierda, cuyas señas de identidad eran la defensa de la igualdad, una más justa distribución de la riqueza y defensa de los valores democráticos, se ha visto pervertido por una política corrupta y consentida que socaba las instituciones democráticas, la división de poderes y el Estado de derecho, y ha hecho de los continuos e intolerables «cambios de opinión» una herramienta para facilitarse un mercadeo político que le permita, sin escrúpulo alguno, mantenerse en el poder a cualquier precio.
La historia desgraciadamente se repite con demasiada frecuencia.