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Cartas al director

El duelo silencioso de las inundaciones

Las inundaciones no solo arrasan calles y carreteras. A su paso destructivo por los pueblos, aleatorio y sin previo aviso, la riada se lleva recuerdos, rutinas y esa sensación básica de seguridad. El agua irrumpe en la tranquilidad del hogar, acompañada del miedo, la incertidumbre y un duelo del que poco se habla.

El duelo por la pérdida material también existe. Por esas fotos que ya no están, por el sofá heredado, por los dibujos de nuestros hijos, por todo aquello que, al fin y al cabo, sostenía una parte de nuestra historia. Cuidado con usar frases como «lo importante es que estáis bien». Estar a salvo no elimina la tristeza ni la ansiedad que llega con la tragedia.

Desde el Trabajo Social, conocemos el impacto silencioso que llega tras la emergencia: las noches sin dormir, la hipervigilancia ante la lluvia, esa sensación constante de amenaza, y por último, el agotamiento emocional.

Hablar de esto no es exagerar, es reconocer que las catástrofes también dejan heridas emocionales. Cuidar la salud mental, acompañar sin juzgar y permitirnos expresar cómo nos sentimos es parte fundamental de la reconstrucción.

Y cuando hablamos de reconstruir no solo nos referimos a volver a levantar las paredes. También es sostener a las personas cuando todo lo que les rodeaba ha cambiado.

Víctor Nieto González

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