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Cartas al director

Elecciones en cadena

Los resultados que se desprenden de la vertiginosa sucesión de citas electorales vienen a confirmar como tendencia un alineamiento de la política española con el giro conservador del escenario europeo. La onda expansiva ha llegado más tarde a estos dominios y se traduce en un 'huracán' Vox, marcado por un ascenso que les hace más influyentes, que está generando reajustes en el tablero político. Una dinámica que obliga a los cuarteles generales de la mayoría de partidos a reconfigurar su hoja de ruta, cuando no a alterar sus presupuestos.

Con las elecciones generales en el horizonte y un elector que crece en transversalidad por mucho que el panorama se analice bajo la simplista y reduccionista lógica de las izquierdas y las derechas, y sin mayorías claras, la gobernabilidad en los diferentes territorios se complica como se constata en territorios como Extremadura y Aragón, pese a que en el primero de los casos Guardiola afirmaba ayer ver «factible» un acuerdo con Vox. Los triunfos sin paliativos pero ligeramente menguantes del Partido Popular, la sensación de que ha tocado techo y de que es incapaz de hacerse con el voto del elector socialista que se baja del barco sanchista, obliga a los de Núñez Feijóo a alternar su discurso entre la contundencia discursiva y programática de los de Santiago Abascal y un perfil más centrado para captar votantes en otros caladeros. Algo próximo a una indefinición que no ayuda a engordar sus resultados y deja a los populares pendiente de las exigencias de un Vox más proclive a ejercer de antisistema que a actuar con responsabilidad y estar a la altura de sus resultados. En algún momento, encontrará la formación de Abascal la vía que conduce de una postura exclusivamente opositora a todos y contra todo a una en la que prime su utilidad para el conjunto de la sociedad. Algo que, a merced de su radicalismo, resulta a día de hoy inconcebible.

En el otro lado del tablero, mal ha de verse una izquierda que precisa de un secesionista abdicador como Gabriel Rufián para promover una unidad instrumental que solo tiene en cuenta sus ambiciones electorales. Porque tiempo ha tenido, el crisol de asociados en connivencia con Sánchez, para dar solución a los problemas que acucian al país como la vivienda y, de paso, no generar otros nuevos. Parece ser que el programa de la izquierda se reduce a la lucha contra la ultraderecha sin más propuestas que cavar una trinchera para combatir los postulados opuestos.