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Cartas al director

No a la guerra. Sí a matar

No a la guerra. Sí a matar. ¿Incoherencia o falsedad?

¿Es violencia aparentando respeto al deseo de quien se encuentra en debilidad? ¿Intenta ocultar su intención cruel, vestida de piedad, de acabar con la vida del enfermo terminal o de una criatura que trata de llegar?

No a la guerra, sí a matar.

¡Sanitarios!, nacidos para curar, ¿por qué elegís eliminar al paciente en lugar de sus padecimientos en la enfermedad?

¿Y ese empeño de fichar a quienes se niegan a participar? ¿No sería más sencillo crear la especialidad de exterminio, o reconocer esa capacidad a los voluntarios que no tengan reparo en ejecutar, al mayor o al niño, siempre bajo paraguas legal, en su box letal?

No a la guerra, sí a matar.

¿Por qué esas prisas para legislar la muerte a la carta? ¿Dónde está la ley de cuidados paliativos para remediar el sufrimiento, y asistir al deprimido reforzando sus ganas de sanar y, no habiendo otra posibilidad, para ayudarle a morir sin dolor y en paz?

No es tu cuerpo, ni tu vida. ¿Cuánto has pagado? ¿Dónde la has ido a comprar? Siniestra ignorancia, confundir usufructo con propiedad. A su dueño cuenta hemos de dar. Si la hemos quitado o ayudado a eliminar.

Ilusión vana mantener la esperanza de difuminar nuestra parte de responsabilidad, sea por hacer o callar, o por dar nuestro voto a quienes propugnan matar en lugar de paliar. Es de justicia. Se ha de pagar.

«La eutanasia no es un acto de misericordia, sino un homicidio que se disfraza bajo la apariencia de compasión». (Cardenal Ratzinger).

Francisco Javier Lage Ferrón

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