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Cartas al director

La sonrisa de Zapatero

La palabra persona proviene del latín per-sonare: «sonar a través».

Así se denominaban las máscaras del teatro clásico tras las que los actores ocultaban su verdadero rostro mientras proyectaban su voz hacia el público. Dos mil años después, la política sigue operando bajo el mismo principio.

Durante años, Jose Luis Rodríguez Zapatero construyó una imagen de sí mismo basada en el talante, la mediación y una sonrisa permanente. A través de esa máscara sonó una voz amable, conciliadora y moralmente superior que gran parte de España aceptó como símbolo de moderación. Sin embargo, la psicología conoce bien la naturaleza de las máscaras: cuanto más perfecta parece una imagen pública más necesario resulta preguntarse qué intenta ocultar.

Carl Jung utilizó precisamente el término persona para describir ese personaje social diseñado para influir, seducir y proteger al individuo de mostrar su verdadero rostro.

La cultura popular ha retratado muchas veces el inquietante poder de ciertas sonrisas. Probablemente ninguna tan famosa como la del Joker, el gran archienemigo de Batman. No transmitía bondad ni serenidad, sino la perturbadora intuición de que detrás de aquella sonrisa habitaba algo verdaderamente oscuro. Quizás ahí resida hoy la verdadera fuerza simbólica de la sonrisa de Zapatero.

Luis Martínez-Reboredo Cuervo

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