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Cartas al director

Claves para escribir una buena carta

Mi máxima al escribir estas cartas ha sido la de sorprender al lector en cada nueva frase como sea. El asombro puede venir en forma de metáfora, de mote, de anécdota, de un dato interesante, de un entrecomillado con fuerza, todo vale si golpea al lector con contundencia impidiendo que caiga en la somnolencia. Estas pequeñas sorpresas son la sal y pimienta con las que aderezo mis cartas para intentar que sean amenas.

Los relatos monocordes aburren hasta al lector más predispuesto. Pasa lo mismo con la oratoria, una de las reglas básicas de la misma para que los oyentes no se aburran es la de cambiar el timbre de voz con frecuencia, si mantienes un timbre de voz uniforme tu público no tardará en caer en el tedio.

Otra de las formas de aburrir es dando demasiada información y no lo digo yo, ya lo dijo Voltaire en el siglo XVIII: «El secreto para ser aburrido es contarlo todo». Por eso he procurado siempre no dar un exceso de nombres, ni de datos, ni de cifras, solo los justos y necesarios que necesita la historia para ser legible sin dejar de ser amena.

Nunca debemos perder el hilo conductor del relato principal, si acaso de forma esporádica y puntual podremos desviarnos de la temática troncal sobre la que se ha escrito la carta para darle amenidad y agilidad. Cualquier desenfoque excesivo de lo que pretendemos transmitir terminará confundiendo al lector que dejará de leernos por inteligibilidad.

El título debe ser atractivo y original, que sirva como acicate para que el potencial lector adquiera curiosidad y empiece a leer la carta.

El arranque de la misiva es vital para retener la atención del lector desde el primer instante y el final de esta debe ser brillante para dejarlo plenamente satisfecho de su lectura. Tanto la frase que se ponga en el inicio de la carta como la que se ponga en su término son importantísimas porque son las que más va a recordar el lector después de su lectura.

Recurrir a la exageración suele ser efectivo siempre que se haga con la intención de hacer reír al lector y no de engañarlo. Escribir es exagerar. Si no lo haces aburres al lector.

Que una carta al director sea sarcástica e irónica es sin duda un gran plus que aumenta exponencialmente las posibilidades de que sea publicada.

El tema de la carta no tiene por qué ser sobre la actualidad, pero sí lo es, no cabe duda, de que encaja mucho mejor en la publicación del periódico porque viene mucho más a cuento que si no lo es.

Javier Sanz Gómez

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