Cartas al director
Deshidratación intelectual
La lectura de Los Miserables dice: «la pobreza es buena vecina de la miseria». El calor consigue que toda hidratación sea escasa y termine influyendo en el cerebro. Vamos por inercia, las ideas escasean en un incendio cerebral mientras nuestra fragilidad se acumula mirando de reojo a la provisionalidad. Escuchas como un locutor espeta: esperamos que las víctimas hayan escarmentado y obedezcan la próxima vez…
Martín Ferrand, maestros de periodistas, acuñó: ambición y poder son dos variables que cuando se conjugan resultan peligrosas. Si a la frase de D. Manuel le añadimos mentira y maldad, no cabe duda que la digestión no saldrá bien.
Todos necesitamos la certeza de la experiencia para no entrar en los charcos de nuestro pasado, que aunque no condena nuestro futuro, si nos da pistas.
Pasan por el paisaje de nuestra vida muchas personas. La mayoría no repite. Otras nos dejan cierta huella, algo que admiramos y produce aquello de Pemán: «El encanto de las rosas es que siendo tan hermosas, no conocen que lo son».
Son tiempos de contrastar ideas-gestión con realismo. Posiblemente el paso del tiempo nos dé la temperatura exacta de nuestro planteamiento ante la vida; pero convengamos que algo se tambalea en nuestra sociedad.