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Cartas al director

Ceuta. Un incendio grave y peligroso

Una cosa son las declaraciones de Moncloa y otra diferente ponerse a defender a España y sus intereses. La diplomacia se puede ejercer durante el ejercicio de la legítima defensa por los medios convenientes, incluso durante una guerra híbrida. Pero no ejercer ese derecho a la defensa no es diplomacia; es otra cosa. Parece que el Ejecutivo se resiste a hablar de guerra híbrida. ¿Será que ni quiere ni puede?

¿No quiere porque supondría tener que desdecirse de un pacifismo de izquierdas que unas veces le ha rentado y otras le ha obligado a juegos malabares? ¿No puede porque está preso de su discurso de extrema izquierda y de sus socios; de sus fracasos públicos en la escena internacional; de algún software malicioso? ¿No puede porque ni sabe ni quiere reconocer que ha convertido a España en el socio y aliado más débil y menos fiable?

¿Puede ocurrir también que los españoles andemos escasos de cultura en seguridad y defensa; sobrados en desinformación intoxicante; y acomodados en este Estado del bienestar, con tendencias invasoras de la esfera privada con la supuesta pretensión de intentar resolverlo todo? ¿Tenemos conciencia de amenazas actuales y futuras? ¿Se nos han olvidado la anteriores presiones migratorias o armadas como Perejil?

No hay peor vulnerabilidad que no ser consciente de las amenazas. O mirar para otro lado. Para que un Estado se defienda, necesita voluntad política y tomar decisiones y disponer los medios adecuados. La necesaria y obligada voluntad política ejecutiva reside en el Ejecutivo. Al igual que, como ciudadanos, nuestra capacidad electiva reside en el voto. Veremos.

José Luis Hernangómez de Mateo

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