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Cartas al director

Mi «grata» experiencia con marroquíes

¿No es representativo que las dos personas marroquíes que he intentado ayudar me mintieran de manera descarada, y se aprovecharan vilmente de quien les echara una mano? Puede que no, pero para muestra un botón. Una: chica de 20 años, junto a su madre. Listísima. Lograron que se las acogiera en una pequeña casa. Imposible que mejoraran su situación laboral por falta de respuesta y colaboración. Al no hacerlo, se les invitó a irse de la casa. Imposible. Problemas tremendos para una pequeñísima ONG que es la que ayudaba. Al final se consigue un se vayan, y ahí se acabó todo. Dos: joven de 25 años al que se le dio trabajo en un restaurante. También muy listo. Alegó ser cristiano, y que por eso salió huyendo de Marruecos a nado, y se le ofrecieron catequesis para bautizarse. El trabajo difícil, casi cercano a la violencia en alguna ocasión. Se le despide. Se empiezan las catequesis. Se le ayuda económicamente para los papeles. Al cabo de un par de meses, desaparece. Ni rastro.

Dos de dos. Habrá marroquíes que se porten bien, pero me temo que hay muchos cuyos principios y valores no son compatibles con los nuestros. Emplean su inteligencia para lograr sus fines, cualesquiera que sean los medios. Dejarlos entrar sin control alguno es reemplazar principios y valores por los suyos. Y los nuestros se van confundiendo o diluyendo. Así no.

David Martín Alcalde

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