Cartas al director
Mucho ruido y poco silencio
Para muchas personas el ruido es algo excitante: las mantiene despiertas y las preserva de pensamientos perturbadores. Odian el silencio por ser un tiempo monótono y aburrido. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) España es uno de los países más ruidosos del mundo. Hay mucho ruido en la calle, en las obras urbanísticas y en el tráfico. También en muchas viviendas.
En algunas casas hay momentos en los que están conectados al mismo tiempo la lavadora, el friegaplatos, la aspiradora y la televisión. En esas condiciones cuesta concentrarse a la hora de leer, escribir o estudiar. Me sorprendió el caso de un poeta que le gustaba escribir sus poemas en los bares, sin importarle que fueran ruidosos. Ese poeta era José Hierro.
Decía San Francisco de Sales que «el bien no hace ningún ruido y el ruido no hace ningún bien».
El silencio no es un espacio vacío. Está lleno de posibilidades: observar, escuchar, pensar y estimular el pensamiento creativo. También reducir el estrés producido por el ruido. En la época del activismo y la prisa apenas hay tiempos de silencio. Tampoco existen muchas personas que necesiten y busquen el silencio.
El ruido expresa lo superficial y lo repetitivo, mientras que el silencio nos remite a mensajes profundos. El silencio es algo más que ausencia de sonido y de palabras: es una actitud humilde, respetuosa y paciente. Callando posibilitamos que otros se expresen.
Benedicto XVI escribió que «el silencio brota de la plenitud que habita en nosotros, que proviene de la plenitud de Dios. Por eso el silencio es imprescindible en la oración. La soledad y el silencio son espacios privilegiados para ayudar a las personas a reencontrarse consigo mismas y con la Verdad que da sentido a todas las cosas».
El amor se puede expresar tanto con palabras como con miradas y silencios.
Miguel Delibes evocó la vida con su mujer con estas palabras: «En las sobremesas solíamos sentarnos frente a frente y charlábamos. Las más de las veces callábamos. Nos bastaba mirarnos y sabernos».