Europa abandona a la izquierda
España no puede ser la excepción radical a un viraje a posiciones conservadoras y liberales sensatas
Europa da la espalda a la izquierda, con tres procesos electorales celebrados al unísono con parecidos resultados. En Portugal, Polonia y Rumanía han vencido, muy de largo, las opciones liberales y conservadoras, con mediocres o insuficientes resultados de las opciones socialistas.
La reciente caída del canciller socialdemócrata de Alemania y, por contraste, la exitosa consolidación de Georgia Meloni en Italia, cierran un círculo de desdén hacia la izquierda del que, lamentablemente, sólo se salva España. Porque hay otros países, cada vez menos, gobernados por coaliciones con presencia «progresista» o directamente por la socialdemocracia, como Dinamarca, Malta o el Reino Unido. Pero en ninguno, salvo en España, se ha hecho con el poder una coalición perdedora entre un PSOE radicalizado, el populismo de inspiración comunista y el peor separatismo de Europa.
El viraje de las sociedades occidentales hacia la derecha obedece, sin duda, al rechazo que provoca la delirante agenda de la izquierda, un compendio de regulaciones abusivas, fiscalidad confiscatoria e intromisiones inaceptables en la vida individual y colectiva de los ciudadanos; unido a un progresivo deterioro del Estado de Derecho en nombre de salvar a la sociedad de enemigos inventados.
Lo cierto es que en Europa no existe nada parecido al Gobierno de España y que, incluso, casi tampoco próximo al antiguo PSOE, hoy enterrado por un responsable autoritario y de posiciones ubicadas en la extrema izquierda.
El éxito de partidos similares al PP y el ascenso de otros hermanados con VOX, que superan la lamentable campaña insultante y el burdo intento de aplicarles un repudiable cordón sanitario, ofrecen una enseñanza valiosa. Los ciudadanos no se dejan llevar por maneras, eslóganes y mensajes artificiales al servicio de todo ello. Y deciden lo que estiman oportuno, pensando en sus intereses, sus necesidades y sus expectativas.
Que España sea una «excepción ibérica» produce tristeza, pero también señala el camino que sin duda seguirá el país, por mucha resistencia que ponga Sánchez a aceptar los designios de las urnas y mucho que tensione al Estado de derecho para esquivar su sometimiento al mismo.